Viajar barato

Dibujo hecho por mí de Josu y yo con dos mochilas.

No os penséis que Josu y yo somos alquimistas y encontramos la piedra filosofal junto a los secretos de la transmutacion de metales.

Tampoco penséis que nos tocó la lotería apostando y apostando, o que nos estamos gastando la herencia familiar de una abuela ricachona cada vez que hacemos algún viaje.

Como ya conté en nuestra presentación, tanto Josu como yo somos enfermeros de profesión.

Aquí toca currar la mayoría de nuestro tiempo en diversos trabajos, y así lo hemos hecho durante toda nuestra vida profesional que comenzó hace ya más de una década. En vacaciones o cuando conseguimos juntar varios días de libranza intentamos hacer algún pequeño viaje que nos dé aire para seguir tirando y currar durante más tiempo.

Para nosotros realizar viajes largos es más complicado y laborioso, pero desde luego no imposible. En dos ocasiones decidimos marchar sin mirar atrás para viajar: en 2017 para viajar durante más de dos meses por India y en 2025 para viajar el tiempo que pudiéramos por varios países de América. Esperamos que pronto podamos añadir una tercera.

El viaje a India lo hicimos con billete de regreso, sin dejar el piso de alquiler y sabiendo que a la vuelta nos esperaban nuestros empleos en Berlin. Sin embargo, el viaje de 2025 fue todo un salto al vacío: dejamos nuestro alquiler, nuestros empleos estables y decidimos hacer nuestra motxila con cuatro cosas y tomar un avión sin saber cuándo regresaríamos, contando con los ahorros de varios años sin viajar (en parte debido a la pandemia).

En 2017 nos fuimos a India en nuestro primer viaje largo juntos durante más de dos meses.

Una parte importante de estos viajes largos es aprender a moverse de forma barata, o al menos, moverse de forma «no cara», para poder estirar el chicle del money-money hasta límites insospechados.

Y es aquí donde vienen los consejos que hemos ido viendo que pueden ayudar a otros viajeros para disminuir el presupuesto diario y, por lo tanto, alargar el viaje más y más.

Couchsurfing


A estas alturas casi todos conocemos esta plataforma de viajeros que ofrecen en su casa un lugar para dormir gratis.

Antes de la pandemia, solía ser gratuita, pero actualmente es de pago (unos 15 euros al año). Es una cifra quizás simbólica y a cambio parece que ofrecen mayor seguridad -o eso nos han querido vender.

Nosotros hemos alojado a gente en nuestra casa y también la hemos usado para ahorrarnos noches de viaje a la vez que conocemos gente local.

Y esto es lo que en nuestra opinión es realmente interesante de esta opción.

Al estar en contacto de esta forma tan sencilla con locales (o no locales pero que viven en el lugar), conocerás la ciudad y el país de una forma más genuina, compartiendo experiencias, rincones o comidas de una forma diferente y no tan «turistilla».

En nuestra ruta Berlin-Budapest usamos esta alternativa en Dresden, en Plzěn y en Bratislava, teniendo experiencias siempre positivas.

También la hemos usado en nuestro viaje largo de 2025, durmiendo con locales en diferentes sitios de Perú, Ecuador, Colombia y Honduras.

Foto de Josu y mía acompañados de Lu, en Pereira, Colombia, con decoración navideña.
Con nuestra amiga Lu en Pereira, donde nos alojó en su casa. Ella es otra de las personas que conocimos en esta plataforma.

Gracias a Couchsurfing hemos conocido a un chico indio jugador de criquet que vivía en Dresden, a un checo que hizo varias vueltas al mundo, a una pareja de recién casados encantadora eslovaca, a un limeño emprendedor que pasa su vejez en la costa todas las tardes jugando a pala, a un chico ecuatoriano que ama la ufología y al que le encanta viajar, a una periodista retirada que eligió exiliarse de EEUU tras la victoria de Trump… ¡y un largo etcétera!

Sin duda, recomendamos esta plataforma a todos los viajeros, aunque entendemos que esta forma de dormir y compartir no es para todo el mundo y, si eres mujer, has de tomar siempre precauciones y usar el sentido común.

Voluntariado


Realizar actividades de voluntariado siempre es una buena manera, no solo de viajar barato, sino de estar en este mundo.

Personalmente, no me suelen agradar los «voluntariados» que consisten en limpiar el hostel donde te alojas a cambio de que te dejen dormir y te den algo de comer, aunque es totalmente lícito si gustas.

Esto quizás es muy guay para algunos viajeros que se ahorran unas perras, pero no sé si eso ayuda en algo a la ciudad donde lo haces o simplemente el dueño del hostal se ahorra un trabajador (por tanto, creo que hace más mal que bien allí donde esto ocurra).

Para mí un voluntariado debe implicar algún impacto en la comunidad o generar un aprendizaje que no te sería accesible de otra manera.

En nuestro viaje por América hicimos voluntariado en Puyo, Ecuador, en un campo de cultivo de cacao, donde pudimos estar una semana aprendiendo todo sobre esta planta y el rico y gustoso resultado: el chocolate.

Existen muchas plataformas para buscar voluntariados, algunas de las más conocidas son Workaway o Worldpackers.

Josu en Puyo en el campo de cacao en el que hicimos voluntariado.

Hacer autostop


Levantar el dedo en una gasolinera o una carretera y esperar a que el destino te empuje es una manera muy loca y aventurera de ahorrarse unos eurillos.

Hasta conocer a Josu, nunca había probado nada así y reconozco que le pillé el gustillo.

Josu ha hecho dedo por México, por Marruecos y por algunos países de Europa y siempre ha tenido buenas experiencias.

A solas tengo que reconocer que no lo haría, pero es un tema personal de seguridad, me consta que muchas viajeras y viajeros se mueven así por todas partes del mundo y me imagino que con experiencias positivas en su mayoría.

No reservar hostal de forma anticipada


Y buscar en persona al llegar a la ciudad.

Se ahorra mucho dinero haciendo esto tan básico y a veces nos sorprende la cantidad de personas que viajan con reservas ya hechas. Si viajas con tiempo y en fechas no tan señaladas, es muchísimo mejor hacerlo sobre la marcha.

Llegar a la ciudad o pueblo en cuestión y moverte buscando alojamiento puede parecer pesado, pero es más sencillo de lo que parece y en el 99,9% de las ocasiones te darán un mejor precio que por internet o por aplicaciones de reservas.

Además, en muchos países se puede regatear.

Otro aspecto positivo es que puedes elegir donde quedarte pidiendo que te muestren la habitación y comprobar que es lo que quieres.

También es más flexible, puedes ir viendo si te quedas una noche, o dos; o si no te gusta el lugar al día siguiente te puedes cambiar, etc. ¡En mi opinión son todo ventajas!

Sólo en una ocasión recuerdo que fue bastante pesado encontrar alojamiento de esta manera, y fue en Cuzco, ya que la ciudad es muy turística y no encontrábamos precios baratos.

Nos tocó turnarnos: uno se quedaba en un banco con las motxilas y el otro pateaba los alrededores preguntando. Al final, siempre hay éxito. Ni una vez nos ha pasado que nos hayamos quedado en la calle. Nunca.

Sí nos ha pasado en numerosas ocasiones que hemos comprobado cómo otros viajeros con reservas en el mismo sitio donde nosotros finalmente dormimos, han pagado entre bastante y bastante más que el precio que nos decían en el momento a nosotros.

Josu pasándolo fatal en la cabaña que encontramos en Mazunte, México. Aún sueño con esas vistas.

Puedes mirar precios previamente en aplicaciones donde todo el mundo reserva, para hacerte una idea de cómo están los precios por la zona.

En muchas ocasiones descubrirás que el más barato que encuentres te ofrece mejor precio al llamarles con un número local (esto es clave) o cuando estás en su recepción.

También es útil ver previamente dónde está la zona con más hostales para irte directamente ahí. Suele haber calles o barrios en los que hay sitios más económicos.

A veces ayuda ir llamando a los alojamientos unas horas antes de llegar, para ir descartando alojamientos que estén completos o que tengan un precio que no nos interesa.

Volviendo al tema, sólo reservamos cuando vemos que será problemático encontrar algo decente (si son fiestas en la ciudad o se prevé que haya gran afluencia por algún motivo) y también solemos tener reservadas las primeras noches de viajes largos (teníamos reservadas previamente las primeras noches de Nueva Dehli en nuestro viaje a India y las de Lima en nuestro viaje del 2025).

Comer barato


A nosotros nos gusta mucho comer, la cocina es una de nuestras aficiones y probar la gastronomía también es uno de nuestros objetivos al viajar.

Por eso no es que te vaya a recomendar ir a súpers y comprar pasta y tomate para todos los días de tu viaje: invertir un poco en la comida local de donde estés es casi una obligación.

PERO se puede comer bien en muchos sitios del mundo y muy barato. Los puestos callejeros ofrecen siempre buenos precios, y los mercados locales serán tus aliados para comer de forma económica, rica y saber qué platos son los más habituales del lugar.

En Perú, por ejemplo, es fácil encontrar menús por unos 10 soles (o incluso 7 en algunos sitios), que ofrecen entrada, fondo y agua (normalmente sopa, otro plato más contundente y alguna agua de sabor, como infusión de hierba luisa). En Ecuador encuentras almuerzo por $3 y ocurre muy parecido en muchos otros países.

En Europa, sí que a veces hemos solido tirar más de súper baratuno, para luego ir a lo mejor un par de días de la semana a un sitio un poco «mejorcito» y pegarnos una buena comida para probar los platos típicos de la ciudad o zona.

En Ecuador comimos uno de los platos más ricos que he probado en mi vida. Súper bien de precio, en un mercado muy concurrido y preguntando a los locales (en este caso a nuestro amigo Dennis que nos acogió en su casa junto a su familia por la plataforma de Couchsurfing). Se me cae la lagrimita y la baba recordando esta comida.

En Cuenca comimos un platazo: hornado.
Contemplando la bella Chauen y cogiendo fuerzas para el siguiente regateo.

Un buen país para aprender esto es Marruecos (no sé si es bueno para aprender a regatear, lo que sí sé es que tienes que hacerlo a diario) y también te será muy útil en India y en países latinoamericanos, sobre todo para temas de alojamientos.

Aunque no lo consigas, siempre está bien intentarlo y seguro que te aporta más de una anécdota viajera.

Llevar lo imprescindible


Esto es ahorrar antes de empezar y no volverte loca gastando dinero en la preparación del viaje en cosas que no necesitas.

Por ejemplo, durante nuestro viaje más largo me permití comprarme muy poquitas cosas: un gorrito de lana de alpaca, un colgante y una tela de colorines para hacerme un mantel en Perú; una pulsera en Ecuador; café en Colombia; pasé por Centroamérica sin comprar nada y, en México, por ser el último país de la ruta, compramos los souvenirs y recuerdos para familiares: algo para cada uno sin abusar.

También me gusta ir comprando postales y escribiendo, aunque a veces no lleguen…

Y hasta aquí nuestras recomendaciones para abaratar los viajes, para que podáis hacer más cantidad y de mayor duración sin perder mucho dinero en el camino. ¿Algún consejo más que queráis compartir con nosotros? Recuerda que compartir es vivir, ¡así que comparte! ¡Comparte, amiga, comparte!

¡Saludos, viajeros rockanroleros!