
Cuando os vais de viaje, ¿os cuesta mucho decidir qué llevar en la motxila o maleta?
Yo antes pasaba bastante rato planificando, mirando el armario una y otra vez, sacando, desdoblando, volviendo a guardar. He llegado hasta a hacer esquemas de conjuntos por si hacía frío, por si hacía calor, ¿y si llueve? Siempre que iba a algún lado y abría la maleta para hacerla me estresaba mucho, me agobiaba y cada día que pasaba, peor podía pensar.
De unos años a esta parte, esto ha mejorado por un hecho muy sencillo: cada vez tengo menos ropa. He simplificado bastante el armario, por lo que elegir me cuesta menos. Aún así, cuando llegó el momento de hacer la motxila para hacer un viaje largo, como el de 2025 a varios países de América, me tuve que detener y pensar muy bien qué se necesita en una motxila que va a ser tu único equipaje en los próximos meses.
Para empezar yendo bastante al grano hay que pensar que es una motxila que vas a cargar en tu espalda durante muchos trayectos: tienes que priorizarte a ti y a tu espalda, y no los looks. Por lo tanto, lo más importante es el peso: un objetivo que nos marcamos era no llevar más de 10 kilos por motxila.


mochila más pequeña que teníamos para uso diario.

Fuimos a una tienda francesa mundialmente conocida que es ideal para estas cositas y pensamos un poco in situ, viendo las opciones.
Tras un rato debatiendo nos decantamos por una de 40L (y ya os adelanto que vaya buena compra, amiga). Nos gustó porque tenía bastantes bolsillos laterales y también en la parte de arriba, se abría como un libro y venía dividida en el interior en tres compartimentos: uno grande que ocupaba toda la mitad derecha de la motxila abierta, y, en la otra mitad, uno mediano y otro pequeñito. Además, se podía ajustar de manera ergonómica y tenía forro para la lluvia.
Ahora tocaba pensar en lo que meter dentro
Compartimento grande: ropa
Para viajar durante mucho tiempo necesitas un poco de todo para abarcar todos los climas.
Pantalones (7): ahora, tras finalizar el viaje, sé que fueron demasiados y alguno no hizo más que molestar. Llevé un vaquero azul y un otro negro para cuando estuviéramos en ciudades o ambientes urbanos (con uno basta), un pantalón largo de senderismo convertible en corto (diría que es un imprescindible), 2 leggins largos (uno más fino y otro gordo para el frío), un legging de corte pirata que tenía muy viejito y con agujeros pero que era muy cómodo (murió en el viaje y aún lo extraño) y dos pantalones cortos (de nuevo error, con uno basta). Resumen: un vaquero, uno convertible, un par de leggins y uno corto extra, te dan para rular muuuucho tiempo.
Camisetas (12): metí muchas que se fueron reduciendo, quedando al final del viaje sólo unas 7. Eran: una de manga larga negra, 9 de manga corta y dos de tirantes. Durante el camino me desprendí de las viejitas conforme se fueron desgastando más. También compré otras, como por ejemplo una de manga larga blanca, ya que íbamos a estar en la selva en Perú y recomendaban colores claros y estar con los brazos cubiertos para evitar las picaduras de los mosquitos (esta cami luego se la regalé a una amiga que se dirigía a la selva cuando yo ya no las necesitaba) y compré otra en México como recuerdo.
Dos sudaderas, una con capucha y otra sin. Con una con capucha hubiera sido suficiente.
Otras cosas necesarias
Ropa interior: 10 bragas y 5 calcetines. Dos tops y un sujetador. También hubo bajas y altas durante los meses de viaje, ya que la ropa de tanto lavarla se desgasta más rápido (truco viajero: intenta estirar el tiempo de puesta de la ropa todo lo posible, se puede, pero por favor, sin rozar la inmundicia, gracias).
Una chaqueta cortavientos e impermeable y una chaqueta acolchada finita pero que abriga mucho, ideal para debajo de la otra chaqueta en los días más fríos. Clave.
Un bikini y una gorra. Estos aguantaron todo el viaje como unos campeones, pero mi querida y ajada gorra, que estaba ya marrón en lugar de negra por el sol que había chupado, se me perdió en la costa de Oaxaca (la olvidé en una camioneta yendo a Chacahua). Ruego una oración por su alma, D.E.P.
Compartimento pequeño: calzado
Llevaba unas sandalias cómodas para caminar (marca como el nombre de la lengua indígena y que también son resistentes como piedras), unas zapatillas de senderismo (misma marca) y unas chanclas de playa (estas chanclas, que usaba para ducharme y para «estar por casa» durante el viaje de un año en el que no tuve casa, acabaron por la mitad, literalmente). Aporto prueba número 1.
Puestas me llevé unas deportivas normales para andar por la ciudad y estas las usé en ambientes más urbanos, para andar por camino asfaltado, básicamente.
De todo este calzado sólo hubo una baja y fue ya en la última semana del viaje (las chanclas), por lo que no las repuse. Pero las zapatillas de senderismo y las urbanas tuvieron reparaciones, ya que a ambas se les fue desprendiendo la suela de los tutes que les metimos y tuve que recurrir a nuestros queridos zapateros, siempre tan necesarios. En serio, ¡llevad el calzado a los zapateros antes de comprar otros!
Compartimento mediano
Aquí llevaba todas las cosas que no son ni ropa ni zapatos: la guía de Perú que me compré, un libro para escribir y otro para dibujar, lápices y bolígrafo, mi libro electrónico, una linterna que funcionaba con dinamo, una motxilita pequeñita para usar diariamente (la podéis ver en la primera foto), un bolsito pequeño con medicinas básicas, un chubasquero y la bolsa de aseo. De útiles de aseo llevaba lo mínimo: cepillo de dientes, otro para el pelo, unas pinzas de depilar, crema de la cara, una cuchilla de afeitar y desodorante. Champú y gel sólidos, magníficos para viajar.

Luego en el camino las cosas cambian
Una vez en el viaje, hay cosas que fuimos comprando y que se fueron añadiendo a la motxila, y otras que fuimos dejando. Al salir de Perú me desprendí de la guía de ese país y me compré la de Ecuador, y pensaba hacer así sucesivamente, pero lo cierto es que ya no encontré ninguna que me gustara (suelo pillar una editorial en concreto que no estaba por ningún lado y creedme que las busqué MUCHO). Durante los meses de viaje fui soltando varias prendas de ropa, y compré un gorro de lana de alpaca y una tela para hacer un mantel en Perú. La motxila pequeña de uso diario se nos rompió antes de dos meses de tanto usarla y compramos otra que salió estupenda y nos duró el resto del viaje. En Cuenca (Ecuador) compramos un libro de Proudhon y nos regalaron otro de Rosalía de Castro (Proudhon se vino a España, Rosalía se quedó como regalo a nuestro amigo Miguel de Bogotá, ya que él es un amante de la terra galega). En algún momento me compré un cuaderno para ir ideando este blog, y también rotuladores para dibujar. Compramos algunos libros de recetas… En definitiva: los libros aportaban bastante peso en nuestras motxilas. Por supuesto, también fuimos comprando cosas que se iban agotando e íbamos reponiendo, como crema para el sol, compresas, repelente de insectos, café y alguna comida de vez en cuando (latas de conservas, fruta, picoteos para los autobuses…).


También los amigos del camino nos dieron algunos objetos: nuestro amigo Ernesto de Nazca nos regaló unos llaveros de los famosos petroglifos (Josu conserva el suyo pero el mío lo perdí y me puse muy triste), otro amigo que hicimos de fiesta en un pueblo llamado Cabanaconde en el Valle del Colca de Perú, fue a su casa en mitad de la noche y volvió con una taza de su empresa que nos regaló. La empresa se llamaba Andalucía y en la taza sale una foto de su madre con más de 90 años. Nuestro amigo Miguel, bogotano, regaló a Josu una camiseta del Millonarios que es un equipo de allí (no se me enfaden los del Santa Fe) y yo le compré un libro del que el propio Miguel era autor, un cuento infantil precioso que me hizo llorar cuando lo leí.
En Ecuador estuve mirando si era posible mandar un paquete a España, ya que quería mandar algunas cosas para aligerar la motxila (como la guía de Perú, la tela para el mantel, algún libro, la taza, etc…), pero los precios de envío eran carísimos, inasumibles, por lo que decidimos ir cargando algunas cosas hasta el final del viaje y con otras practicar el desapego e ir soltando.
Realmente estuve orgullosa de viajar con la motxila de 40L y 10 kg, y como anécdota deciros que en el vuelo de Madrid a Lima no tuvimos ni que facturarla, iba arriba con nosotros en el avión, como si fuéramos a pasar un fin de semana a cualquier parte, ¡solo que el finde se alargó casi un año!
Para la vuelta, ya con más kilos, bajamos una a bodega, creo que con unos 12-13kg, y la otra también vino arriba, cual motxila de paseo.


¿Os parece que llevábamos muchas cosas? Ahora pienso que sí, podía haber llevado menos ropa y menos libros, y sobró la linterna de dinamo. Había gente que iba con frontales pero en el año entero que pasamos viajando, sólo nos habría sido útil un día subiendo para ver el amanecer en el Acatenango en Guatemala, y realmente te apañas con el móvil y con las luces de los demás de alrededor…
Para la próxima llevaría sin dudar una botella para filtrar agua y poder beber de prácticamente cualquier sitio. Conocimos a amigos que la llevaban y creo que es todo un acierto.
Por supuesto, si el plan de viaje incluye hacer acampadas y dormir en la naturaleza varios días, ¡la motxila es otra! Habría que añadir tienda y todo lo necesario para este tipo de viajes. Aquí no os puedo ayudar, porque nunca he hecho un viaje así.

El tema de hacer la motxila perfecta es un aprendizaje que vas adquiriendo a medida que haces más viajes o mismamente por el camino, viendo los errores cometidos. Lo que sobra, lo que falta…
¡En el siguiente viaje largo intentaré llevar sólo 8 kg! Todo un reto.
Y aquí se acaba todo lo que puedo aportaros como consejos de una motxilera rockanrolera a otra.
¡Espero que esta entrada os ayude y os sirva para hacer vuestro equipaje en vuestro próximo viaje! ¡Motxila&Roll amigas y amigos! ¡Mucha motxila y mucho R’n’R!
