Foto de Josu descansando en la ruta hacia Choquequirao, en Perú, con unas vistas increíbles de las montañas.

De Perú a México en 380 días

Este es el viaje más largo de mi vida (por ahora). Esta ruta de Peru a México en un año rompió un periodo en el que no habíamos hecho ningún viaje largo, ya que con el COVID y otros acontecimientos vitales (como la mudanza de Alemania a España) no tuvimos oportunidad antes. Desde el 2017 que nos fuimos a India no nos aventurábamos a viajar más de un par de semanas, así que en 2025 llegó el momento: abandonamos nuestro pisito de alquiler en Donosti, abandonamos nuestros trabajos de enfermeros y dijimos hasta luego a nuestras familias para hacer al fin lo que llevábamos tiempo soñando y planeando.

¿Quién no tiene valor para marcharse?

Foto sacada de internet con el texto "Elegir irse se escribe junto y significa: elegirse".

En junio de 2025 Josu y yo nos embarcamos en este viaje que ocupó más de un año de tiempo, muchas aventuras y recuerdos que nos acompañarán durante décadas. Estuvimos en diez países, en más de cien ciudades, tomamos más de otros tantos autobuses, dormimos en muchísimos hostales (y en un barco carguero por el Amazonas en hamacas, y al lado de un volcán en erupción que rugía y lanzaba lava por los aires, y de nuevo en hamacas rodeados de monos aulladores en un Parque Nacional). Hicimos muchísimas rutas caminando, conocimos a multitud de amigos que forman parte de esta historia y, en definitiva, escribimos a fuego muchas experiencias en nuestra piel que ahora os trataré de contar aquí, en mi blog Motxila&Roll.

En esta entrada os hablaré del recorrido que hicimos en todo este tiempo, del presupuesto que gastamos para vivir un año sabático viajando por Latinoamérica y de las cosas curiosas que vimos por el camino. Después, poco a poco y en diversas entradas, iré desgranando todo este viaje de la mejor manera que sepa, para contaros todas las vicisitudes del camino, las anécdotas, los sabores y sonidos que nos acompañaron en el año más increíble que me ha tocado vivir hasta el momento en el que escribo.

La Ruta

Dibujo hecho por mí de la ruta de Perú a México en 380 días.
La ruta de Perú a México en 380 días.

Es difícil hacer una ruta exacta de un viaje tan largo en esta entrada (sí la haré en la entrada de cada país de una forma más detallada), pero aquí os nombraré, al menos, los sitios en los que estuvimos en cada país. Deciros que nuestro viaje comenzó volando a Lima desde Madrid y acabó volando a Madrid desde Cancún, y por el camino tomamos sólo otros dos vuelos: uno de Cuzco a Lima en Perú y otro de Cartagena (Colombia) a Ciudad de Panamá (Panamá), para cruzar la región del Darién.

Foto de Josu en una hamaca en el barco carguero que nos llevó por el Amazonas hasta Iquitos durante 3 días.
Viajar lento alimenta al espíritu.

Nos gusta viajar lento, así que la mayoría de trayectos de este viaje fueron por tierra, en autobús, en muchas horas viajando que me sirvieron para escribir mucho de lo que podéis leer aquí. También deciros que, cuando volamos a Lima en el inicio del viaje, no teníamos muy claro cómo iba a ser la ruta y nos fuimos dejando llevar. Sabíamos que empezaríamos por Perú, pero estuvimos a punto de cruzar a Bolivia una vez que llegamos a Puno. La situación política del país en ese momento y las nevadas que habían provocado el cierre del salar de Uyuni provocaron que descartáramos la idea, por lo que cambiamos la dirección del viaje hacia el norte. Fue por el camino también cuando decidimos pasar por Centroamérica, que en un principio no entraba en nuestros planes. Otros viajeros nos hablaron maravillas y nos convencieron de dedicarle tiempo a esta gran zona del mundo y -os lo puedo decir ahora- tenían mucha razón.

Entonces, ¿por dónde estuvimos?

  • Perú: en este país estuvimos tres meses (porque no nos dejaban más) y pasamos por Lima, Paracas, Huacachina, Nazca, Arequipa, el Valle del Colca, Puno, Cuzco, el Valle Sagrado, la Laguna Humantay, la Montaña Vinicunca y el Valle Rojo, Aguas Calientes, Machu Picchu, Quillabamba, Ollantaytambo, Choquequirao, Huaraz, Chavin de Huántar, la Laguna 69, Trujillo, Cajamarca, Chachapoyas, Kuélap, la Catarata Gocta, Moyobamba, Yurimaguas, Tarapoto, Iquitos, la Reserva Nacional Pacaya Samiria y Máncora.
  • Ecuador: otros tres meses pasamos en este país (también porque nos echaban por el visado), pasando por Cuenca, Loja, Vilcabamba, Zamora, el Parque Nacional Podocarpus, Saraguro, Guayaquil, Salinas, Montañita, Puerto López, la Isla de la Plata, Latacunga, Riobamba, el Volcán Chimborazo, el Volcán Quilotoa, el Volcán Cotopaxi, Baños, Puyo, Tena, Quito, Mindo y Otavalo.
  • Colombia: aquí viajamos durante dos meses y conocimos Ipiales, Popayán, Cali, el Eje Cafetero, Pereira, Bogotá, Villa de Leyva, San Gil, Barichara, Bucaramanga, Medellín, Cartagena, Santa Marta, Taganga, Minca y Palomino y el Parque Nacional Natural Tayrona.
  • Panamá: estuvimos sólo en Ciudad de Panamá, Boquete y la provincia de Bocas del Toro.
  • Costa Rica: brevemente pasamos por el país de la Pura Vida, conociendo Puente Viejo y La Fortuna.
  • Nicaragua: algo más de tiempo dedicamos a este maravilloso país. Pudimos visitar San Juan del Sur, Ometepe, Granada, el Volcán Masaya, las Islas del Maíz (Corn Island), León y Somoto con su impresionante cañón.
  • Honduras: solo paramos un par de noches de mera transición, en Choluteca.
  • El Salvador: fuimos directos a la capital San Salvador, y después a Suchitoto, Santa Ana y el Volcán Santa Ana, al Parque Arqueológico de Tazumal, y a Juayúa y Ataco.
  • Guatemala: aquí tuvimos la oportunidad de ver Antigua, el impresionante Volcán Acatenango desde donde conoces el Volcán de Agua y el Volcán de Fuego, el Lago Atitlán, Panajachel, Santa Cruz, San Marcos, Chichicastenango, San Pedro, Quetzaltenango (Xela), Lanquin, el enclave natural de Semuc Champey, Flores y por supuesto el Parque Nacional Tikal.
  • México: fue nuestro último país de la ruta y en él estuvimos los últimos tres meses del viaje. De este inmenso país conocimos Palenque y su zona arqueológica, San Cristobal de las Casas, San Juan Chamula, el Cañón del Sumidero, Chiapa de Corzo, Zipolite, Mazunte, Chacahua, Oaxaca, Puebla, Ciudad de México – CDMX, Papantla, la zona arqueológica de El Tajin, Xalapa, Xico, Coatepec, Veracruz, Campeche, Mérida, Homun y sus cenotes, Progreso, Valladolid, el sitio arqueológico de Chichén Itzá, Holbox y Cancún, desde donde con el corazón llenito volamos de vuelta a Madrid.
Foto de nosotros con caras tristes antes de coger el vuelo de regreso a España tras el viaje largo de 2025.
Lo malo de un viaje largo de un año es cuando toca volver. En la foto estamos en Cancún, esperando a embarcar para regresar a Madrid.

¿Qué os parece? Yo viendo la lista tan preciosa que se ha quedado siento una mezcla de tantas emociones que es difícil explicarlo. Es todo un año resumido en unos cuantos párrafos. Muy loco.

También veo todos estos sitios y me entran ganas de volver ahora mismo a muchos de ellos; pienso que quiero tener mil vidas para conocerlo todo. Como eso no es posible y soy plenamente consciente, voy a no pensar en ello demasiado y a seguir contándoos cómo hicimos para poder hacer este viaje durante todo un año.


¿Cómo se puede viajar un año entero?

Empezaré siendo sincera y admiendo que la forma de hacer este viaje es el privilegio. Me explico.

Tengo, o mejor dicho tenemos Josu y yo, el privilegio de tener unos trabajos en los que no ganamos mal y una vida que no es muy gastosa, por lo que nos fue fácil relativamente ahorrar unos cuantos miles de euros para planear algo así. Tampoco tenemos hijos, ni mascotas, por lo que irnos sólo nos afectaba a nosotros mismos. No tenemos hipoteca por lo que, una vez dejado el piso de alquiler, no había un gasto mensual que nos pesara en nuestro camino. Los dos trabajos los dejamos para poder viajar, de nuevo, desde el privilegio de tener prácticamente la seguridad o una alta probabilidad de volver a España y volver a encontrar trabajo rápidamente.

Playa de Big Corn, en las Corn Island, en Nicaragua.
Las Corn Island (Islas del Maíz) en Nicaragua es uno de los lugares increíbles donde estuvimos.

A todo esto hay que añadir, que nos gusta y disfrutamos mucho viajando de una forma barata. Es casi como un juego de la consola, son retos que vamos superando, ideando artimañas y trucos para intentar manejar un presupuesto bajo (sin entrar en precariedades extremas).

Teniendo todo esto en cuenta, voy ahora al meollo, a lo concreto: el money, money.

Nuestro presupuesto

¿Cuánto gastamos en total en el viaje de 380 días? Redondeando: 11700€ (concretamente fueron 11691). Esta cifra es por persona, por lo que en realidad yendo dos nos gastamos el doble. A esto hay que sumar los vuelos (que en nuestro caso fueron unos mil por persona porque tuvimos que hacer cambios de fecha y nos salieron bastante caros, pero que si lo hacéis bien puede ser mucho menos) y el seguro de viaje (nosotros pagamos algo más de 400 euros por persona). En total, redondeando, unos 13000 euros por persona.

Foto de Josu mirando su móvil en la entrada de nuestro hostal de Mérida, México.
Foto en el hostal que encontramos en Mérida, México. Aquí Josu fijo que estaba mirando nuestra cuenta en el móvil.

Lo tenemos todo bien calculadito porque fuimos apuntando semanalmente (sí, semana a semana durante todo un año) los gastos que se iban reflejando en nuestra tarjeta de viaje. Hubo países francamente más caros (Costa Rica, por ejemplo) en los que, debido a nuestro plan de viaje largo, no invertimos mucho tiempo y por los que pasamos prácticamente corriendo.

Creo que decidir si esto es caro o barato no es difícil. Sólo piensa cuánto vale el mejor año de tu vida. ¿Pagarías eso?

Yo os digo que ahora, una vez hecho, pagaría el doble de lo que pagué por vivir esta experiencia.

Nuestro viaje largo por Latinoamérica durante más de un año nos hizo aprender muchas cosas.

Cosas curiosas que ves viajando por Latinoamérica

Fue un largo camino, con muchas ciudades distintas, muchas costas, montañas y valles, muchos autobuses, pero sobre todo muchas personas distintas que nos hicieron apreciar sobre todo similitudes, pero algunas diferencias. En el camino varias cosas llamaron nuestra atención y ahora queremos compartirlas con vosotros en esta entrada.

Algunas son medio en broma, pero todas llevan algo de verdad. Sin caer en los tópicos, es cierto que muchos rumores que se oyen por aquí del continente americano tienen algo de verdad…

Foto del mar desde Big Corn Island, en Nicaragua. Es difícil estresarse aquí.
  • Hemos visto que, en general, el ritmo aquí es más pausado. El famoso «ahorita». Esto es algo que se suele contar como expresando una queja o algo que nos desagrada. Pero he de decir que a mí me gustó ver que hay personas que se toman la vida de otra manera, sin estresarse por cualquier cosa. El tiempo aquí tiene otra dimensión, y eso está muy bien. Nos viene muy bien a nosotros -normalmente dominados por el estrés y la ansiedad, con poca capacidad de espera y con altas frustraciones- venir a estas partes del mundo donde todo se relativiza, donde impera más el cambio natural de las cosas que los segundos que marca tu reloj. El arte de la espera que hace que no te desesperes, literalmente. Saben esperar y tú aprenderás rápidamente o andarás mosqueada la mayor parte del tiempo: tú eliges.
  • Por eso, la gente en general es más calmada, más tranquila y pacífica. Probablemente esto provoca que también sea relativamente frecuente ver a personas echando siestas de una forma muy natural y graciosa. Esto hay países donde lo hemos visto más a menudo, como en Perú. Allí hemos sido testigos de personas durmiendo en los sitios más disparatados. Ha habido ronquidos en bancos de plazas en la mayor hora de animación del día, con la calle llena de gente. Hemos visto a señoras durmiendo al lado de sus productos a la venta en mitad de la calle, en mercados concurridos y bulliciosos. Incluso hemos visto a un señor durmiendo encima de su moto, mientras viajaba en la parte de atrás de una camioneta por una carretera llena de curvas (aporto prueba gráfica para incrédulos). Cuando nosotros, europeos medios, estamos en un momento que encontramos caótico, ruidoso, incómodo y estresante, hemos encontrado personas echando su siestecita como si estuvieran en un campo de amapolas con pajaritos cantando. También nos sorprendía verles dormidos en los trayectos de autobús: lógicamente en estas circunstancias se duerme en todos los países, pero aquí lo hacen con una rapidez sorprendente, admirable y digna de mención. Hemos sido testigos del inigualable récord de primer ronquido a los dos minutos de salir de la estación. Envidiable. Y lo dice una persona que no tiene ningún problema en dormir de cualquier manera. El pobre Josu, que lo pasa peor para dormirse, se pegaba unos rebotes de envidia que no veas. Es un súper poder esa capacidad de conciliación del sueño, ¡quién pudiera desconectar así en largos e incómodos viajes nocturnos! Digno de estudio.
Foto de un señor durmiendo encima de su moto mientras viaja en la parte de atrás de una camioneta, en Perú.
La prueba.
  • Los móviles y el volumen: todo un tema del que seguro hablarás con otros viajeros que no sean latinoamericanos. No importa que esté todo en silencio y armonía en un restaurante durante la cena, que esté durmiendo un compañero de habitación en el hostal o que sean las cuatro de la mañana en el trayecto nocturno de doce horas de duración en un autobús… NADA importa: si alguien quiere ver algo en su móvil (en Facebook, IG, tiktok o YouTube) lo verá a todo volumen sin la mayor preocupación por causar algún tipo de molestia en los que le rodean. Esto es impepinable y cuanto antes se asuma y se aprenda a tolerar mejor irá el viaje por esta zona del planeta. Esto es verídico, ha sido demostrado en múltiples ocasiones durante nuestro viaje y contrastado en múltiples experiencias viajeras. Hay países en los que algo menos, países en los que algo más, pero en todos ocurre. Creo que si hubiera que hacer un ranquin sobre esto, desde mi experiencia viajera, el ganador absoluto e inigualable sería Perú. Lleven buenos tapones.
Foto de Josu descansando en la ruta hacia Choquequirao, en Perú, con unas vistas increíbles de las montañas.
En Perú hay ruido, pero también hay esto. En la ruta hacia las ruinas de Choquequirao.
Es fácil encontrar jaleo y festividades en la calle, como nos pasó en Ciudad de Panamá.
  • Siguiendo un poco en la línea, deciros que en Latinoamérica el ruido ambiental en general (no sólo los móviles, sino los pitidos de los coches, la música, la multitud, los niños -que abundan por doquier, no como en Europa), unido al poco aislamiento acústico de los edificios provocan bastante contaminación acústica. Esto es algo que nos choca cuando vienes de algún país europeo, ya que aquí, en general, no es tan potente. Reconozco que como andaluza, tengo bastante tolerancia al ruido, ya que en mi tierra probablemente seamos de los sitios de Europa más ruidosos (hermanados con el sur de Italia y me imagino que podríamos meter en el mismo saco a otros países de la zona mediterránea, aunque no los conozco). Pero después de vivir en Alemania durante años, este tema es algo que observo de forma más atenta. Para nosotros no fue ningún inconveniente, ni ninguna sorpresa (después de viajar por India, Latinoamérica se podría definir como un oasis de calma), pero puede ser algo que incomode a viajeros más «europeizados».
Foto de San Pedro, en Guatemala, donde los tuktuks eran un peligro público.
  • La conducción puede parecernos caótica y algo agresiva. En general, hemos visto muchas situaciones donde los conductores (porque en el 99% de los casos eran hombres) muestran una conducción algo temeraria y agresiva desde nuestro punto de vista. La carretera no es tan amable como en Europa, las señales y los carriles en muchos sitios son, cómo decirlo, difusos. Hay ciudades concretas donde para cruzar hasta la otra acera tendrás que activar el «modo aventura». Los coches, los mototaxis, los autobuses, suelen pitar a menudo para avisar que van por su vía y que no se van a apartar ni aunque venga un meteorito contra ellos. Hemos presenciado algunos accidentes, incluso mortales, por lo que hay que tener mucho cuidado sin entrar en la paranoia. También tuvimos una anécdota con un «taxista» en Cartagena, Colombia, en la que el señor casi se mete en una pelea con otros conductores mientras nos llevaba a nuestro hostal (pelea de verdad, con piedras y puños, pero ya os lo contaré cuando estemos en la entrada de Cartagena…). También vimos una pelea por un choque entre dos mototaxis en Cajamarca, en Perú (sí, sí, de nuevo pelea de verdad: los conductores estaban literalmente a guantazo limpio, para entretenimiento del personal).
Muchos días se come pollo. Nadie se queja.
  • El pollo: la cena por excelencia en muchísimas de estas zonas. Era algo extremo en Perú (sale en este listado varias veces este país, pero es que también hay que decir que fue uno de los países donde estuvimos más tiempo, por lo que es normal que tengamos más experiencias aquí), pero en muchas ciudades y pueblos del camino el pollo era el gran protagonista cuando se ponía el sol. Como os he dicho, en Perú no era raro ver varias pollerías donde generalmente los peruanos acudían para cenar el famoso pollo broster, o pollo en porciones (desde 1/8 hasta el pollo entero), o pollo a la brasa. Pollo en todas su formas, normalmente acompañado de papas, arroz y ensalada. Creo que no hemos comido más pollo en nuestra vida que en este viaje, pero, ¿quién se va a quejar por eso? Nosotros no, desde luego. Saben cocinarlo muy rico, jugoso y sabroso, así que encantados de que haya pollerías por todos sitios (es irresistible acudir a algunas con nombres tan increíbles para nosotros como «El pollón» o «El pollón dorado», ¿no os parece?).
  • Los perros. Hay miles, millones, infinitos perros por todos sitios. Esto, en realidad, a mí me recuerda bastante a mi infancia: por los años noventa no era raro ver perros por todos sitios también en España (se veían por las carreteras, por los campos y en mi pueblo cada mes o dos meses aparecía alguno vagando por ahí que no era de nadie, y había varios que vivían por las calles que tampoco eran de nadie pero eran de todo el mundo en realidad). Por estos países aún pasa. En todas las ciudades campan a sus anchas, duermen en los sitios más incómodos para los viandantes o conductores (como en mitad de la entrada a una estación de autobuses o en mitad de una carretera, en el asfalto). Y, en general, no se les ve famélicos ni descuidados. Como está escrito en su naturaleza, ellos se alimentan de lo que pillan, con los restos que sobran de comercios o de comidas caseras y, desde nuestra perspectiva, se asemeja a un cuidado colectivo o comunitario de los perros de la ciudad o del pueblo. Hay muchos que se nos han unido incluso en alguna ruta y nos han acompañado subiendo a algún monte, más majos. A veces hemos tenido la sensación que nos pastoreaban como a ovejas, pensando «pobrecillos, qué perdidos van». En ciudades grandes lógicamente muchísima gente los tiene como mascota personal y están permitidos en restaurantes y cafeterías sin ningún problema. Son los animales mimados del país. Algunos tanto, que van vestidos con disfraces de Super Mario o Spider Man, con vestidos de princesa, vaqueros hechos a medida e incluso botines para que no pisen el suelo. Esta moda de vestir a los perros creo que aún no ha llegado tan extensivamente a Europa (o si lo ha hecho, yo no he querido verlo). Lo malo de todo esto: los perros son calmados, suelen estar tranquilos y no suponen ningún riesgo para las personas, pero extrema precauciones en rutas más aisladas, donde los perros pueden ser guardianes y darte algún susto.
Un caso especial: el perro sin pelo del Perú. Son feísimos, por eso me encantan.
El mercado de Chichicastenango, en Guatemala, es uno de los más grandes de Centroamérica.
  • La venta ambulante. De nuevo como pasaba antiguamente en España, aquí por todos sitios hay miles de personas vendiendo de todo en la calle. Sería imposible calcular la cantidad de personas que se dedican a esta actividad. No solo en mercados callejeros, sino literalmente en cualquier rincón de la ciudad o pueblo. Desde juguetes saltarines, hasta ropa o artesanía, pasando por todo tipo de comida (bendita comida callejera). Una grandísima proporción de familias viven del comercio ambulante, incluso se ven muchos niños trabajando que de esta manera ayudan a la familia con el sustento. Aunque para nosotros sea chocante, esto es una realidad que verás viajando por el continente.
  • El tema de las aceras y la accesibilidad. En muchísimas ciudades hemos visto unas aceras extrañísimas, incómodas, que no cumplen bien su función y que hacen que el peatón se las vea y se las desee para poder andar por ellas (socabones, diferencias de altura en las que hay que saltar directamente, etc.). También notamos esto notablemente más en Perú. Probablemente por los múltiples terremotos que acontecen allí y los problemas de sobra conocidos en la gestión de recursos (existe una gran corrupción) hay barrios y calles que han sufrido muchos cambios y procesos de construcción distintos en su desarrollo. Es por eso que hay grandes desniveles de un sitio a otro en la altura del piso, del suelo, dando lugar a aceras de unos tamaños muy sorprendentes que no están niveladas con su alrededor, por lo que hay que estar muy atentos cuando se anda por la calle. A veces casi es necesario usar una pértiga y ser un atleta olímpico de salto para subirse a la acera antes de morir atropellado por el mototaxi de turno.
Foto de un cartel alertando de la prohibición de usar altavoces, en la ruta hacia la Catarata Gocta, en Ecuador.
En la ruta hacia la Catarata Gocta, en Ecuador, puedes ver estas señales.
  • La música es como Dios: omnipresente. Para nosotros, aburridos europeos, fue muy llamativo descubrir cómo de importante y de constante es la música en esta parte del mundo. Se escucha a todas horas: los niños tienen recreos con música, está en los mercados, por la calle, en los reclamos publicitarios, en los autobuses de la ciudad a todo volumen… ¡incluso acompañan a sus fallecidos en la marcha hacia el cementerio con una banda por toda la ciudad! ¿No es cierto que se dice que las personas latinoamericanas tienen más ritmo en las venas que nosotros? ¡Sería un crimen si no lo tuvieran! Desde que nacen llevan incorporada una banda sonora de ritmos bailables. Así cualquiera. Esto tiene una parte mala, horrible diría yo, y es que en muchas rutas de senderismo por la naturaleza, cuando sólo quieres escuchar el canto de los pájaros, el agua del río y tus pasos sobre la tierra, a veces aparece alguien con un altavoz a toda pastilla con reggeton insufrible (o salsa, o bachata, todo en estos momentos en mi opinión es insufrible) y te lo comes con papas a la huancaína. Están tan acostumbrados que creo que les resulta difícil estar escuchando el silencio. Esto parece una broma pero ha llegado a ser un problema y algunos parques naturales han llegado a prohibir la música en «parlantes» y te lo avisan claramente en la entrada. Pero, desgraciadamente, mucha gente hace poco caso de esta indicación.
  • Los altares por las carreteras. Viajamos mucho por carretera en este viaje. Alguna vez me han preguntado que cuántos kilómetros hicimos y lo cierto es que no lo sé; pero fueron muchos. Solo cogimos dos aviones en todo este año (de Cuzco a Lima y de Cartagena a Ciudad de Panamá), por lo que una gran parte de todos esos kilómetros que separan Perú de México los hicimos por este medio. Al poco de comenzar a rodar, ya llamaron nuestra atención estos pequeños altares. Verás muy a menudo como unas casitas pequeñitas, construidas con ladrillo, con una cruz arriba y decoradas con flores frescas. Se ven por prácticamente todas las vías por las que pases por Latinoamérica. Desgraciadamente y como ya imaginaréis, son altares a personas fallecidas en accidentes de tránsito que nos hacen pensar la cifra de personas que mueren por este motivo aquí. Son muchísimas más que en Europa, aproximadamente el doble o triple (es difícil precisar porque algunos países no registran los datos) debido a la precariedad de las infraestructuras, los vehículos que suelen ser viejos o inseguros, la laxitud en el cumplimiento de las normas viales, entre otros.
Grafiti con una niña en la Comuna 13, en Medellín, Colombia.
  • Los niños. En América Latina abundan los niños. Realmente es notoria la diferencia con Europa y cuando estás allí entiendes por qué nosotros somos «el viejo continente Europeo». Esto también tiene múltiples factores influyentes, lógicamente, y muchos de ellos están vinculados al desarrollo. Pero no estamos aquí para hacer un análisis sociológico, ni mucho menos. Sólo que es algo que llama la atención y que tiene una parte muy positiva y muy bonita: los parques y plazas llenos de vida. No hay una tarde que sea aburrida en un parque o plaza de una ciudad, siempre es un planazo simplemente ir y sentarte en un banco, ya que vas a ver una explosión de vida a tu alrededor. Muchísimos niños de arriba a abajo corriendo, jugando a pelota, persiguiendo perros, llorando, riendo, patinando, con sus globos, con la familia, etc. Esto por nuestra tierra se ve cada vez menos. ¿La parte que a mí, como mujer, también me llamó la atención y que ya no me parece tan bonita y divertida? Pues que la mayoría de estos niños están acompañados por mujeres, madres o abuelas, pero muy pocos hombres. Y esto, dependiendo de los ojos con los que mires, también es algo que llama muchísimo la atención. Te hace preguntarte dónde estarán los papás, puedes pensar que estarán trabajando duro para llevar dinerito a casa y esa respuesta puede ser cierta en algunos casos, aunque bastante simple. Luego hablas, preguntas a personas de la zona, a amigos que conoces del camino que son de allí, investigas, lees, y vas poco a poco descubriendo la realidad: América Latina es la zona del mundo con mayor proporción de hogares criados por madres y con menor presencia de los progenitores hombres (hogares monomarentales, podríamos decir aunque no exista el término en nuestra lengua, porque es gracioso que la palabrita sea «monoparental» cuando no hay ni un pare y muchas mares). Las cifras son escandalosas: en Colombia la mitad de niños crecen sin padre, en Perú el treinta por ciento, México son tres de cada diez, en Panamá un tercio, en Costa Rica cuatro de cada diez, en Guatemala son casi el veinte por ciento de todos los hogares… Esto es un temón y es muy visible por las calles de América Latina.
Los famosos Chicken Bus, antiguos buses escolares en EEUU que se reusan por toda Centroamérica.
  • Cuando vas en autobús, o en busetas o colectivos, es habitual que la gente de un grito le avise al conductor que pare aquí o allí, en el sitio que mejor le venga a uno. Oirás esto a menudo en países latinoamericanos, «¡Pare!» o «¡Parada!», o directamente «¡Me deja en X, me hace el favor!», seguido de un «Bueeeeno» del conductor. Es por esto que a veces los trayectos se alargan un poco más de la cuenta…

Me imagino que podría seguir, y probablemente lo haga, ya que a medida que vaya escribiendo toda esta travesía, me vendrán a la cabeza más curiosidades o anécdotas que contaros por aquí.

A los que ya habéis estado por Latinoamérica, ¿estáis de acuerdo con este listado? ¿Qué otras cosas os llamaron la atención?

¡Ya me contaréis!

¡Nos vemos pronto! Mientras tanto, haced como nuestros hermanos del continente americano, ¡que no falte la música!

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