Foto de nosotros dos en el restaurante de Sociedad de Plateros, en Córdoba.

Ruta en coche de 15 días por Andalucía

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Aquí os contaré la ruta en coche de 15 días por Andalucía que hice en 2022 junto a Josu.

Si ya habéis bicheado un poco mi blog, sabréis que soy andaluza y con mucho orgullo de serlo, además. Se me ocurren pocos sitios mejores para nacer y vivir y cada vez que alguien me da la oportunidad, me desvivo por mostrar y contar un poquito de mi tierra querida.

¿Por qué Andalucía es especial?

Foto de pegatina con el lema "Andalucía libre, los pueblos y la Humanidad".
Andalucía libre siempre.

Bueno, responder a esta pregunta es muy fácil y a la vez muy difícil. Hay tantas cosas que decir que no sé ni por dónde empezar, pero voy a intentar hacer un listado:

  • Andalucía es la región más poblada de toda España. Somos muchos, casi nueve millones de personas. Si contamos la gente que reside aquí, y le sumamos los andaluces que han emigrado, somos más de diez millones. Casi ná. Me gusta decir este dato cuando alguien comenta o verbaliza que en Andalucía «se habla mal». La mayoría de españoles hablan como yo, como alguien de Sevilla o como alguien de Granada, no como alguien de Madrid. Revisaos la glotofobia.
  • Esta tierra es milenaria: las ciudades más antiguas de todo el continente están aquí. La mayoría de sus ciudades fueron fundadas antes de nuestra era. La joya de la corona se la lleva Cádiz, que es considerada la ciudad habitada más antigua de todo Occidente, ahí es ná.
  • Nuestra cultura es una de las más ricas y antiguas del continente. Esta región ha sido punto de encuentro de cientos de culturas que se han mezclado, han convivido, han crecido y se han influído unas a otras durante el paso del tiempo. Desde hace cuarenta mil años hay personas desarrollando sus vidas por estos lares, algunos de los cambios culturales que han impactado en todo el mundo han tenido origen en Andalucía (como el viaje en el s. XV que «descubrió» América).
  • Nuestra tierra ha sido cuna de la tolerancia y de la mezcla. Del potaje, vamos. No es casualidad que Córdoba sea conocida como «la ciudad de las tres culturas», donde judíos, musulmanes y cristianos supieron crecer juntos y convivir.
  • Tuvimos en su momento un peso inmenso en el desarrollo de la cultura procedente de Europa en América. Desde Sevilla y Cádiz salieron todos los barcos con destino al antiguo continente. Solo hay que ver cómo de parecidos somos los andaluces con nuestros hermanos latinoamericanos: la forma de hablar, algunas palabras, el cristianismo, los santos, las vírgenes, la Semana Santa, ¡si hasta en Ecuador comen chochos (altramuces) como nosotros, madre mía! Cuando viajé por América Latina me sentí muy hermanada con su cultura y aluciné con ciudades concretas (como Cuzco) donde a veces me confundía y pensaba que estaba en Granada o en Córdoba. ¡Nos parecemos tanto!
  • En Andalucía comienza el Mediterráneo, concretamente en Tarifa (Cádiz). Si vas a esta ciudad gaditana, podrás ver dónde acaba el Atlántico y comienza este mar tan conocido mundialmente, inspiración para tantas canciones y poemas.
  • Estamos separados por apenas 14 kilómetros del continente africano. El estrecho de Gibraltar está, de nuevo, en Tarifa. Desde ahí podrás admirar África sin dificultad y reflexionar profundamente sobre todas las personas que se lanzan a cruzar este paso dejándolo todo atrás. Se te coge un pellizco en la barriga cuando ves lo cerca que parece que está y lo lejos que sabemos que está en realidad.
  • El tercer presidente de España de toda la historia era andaluz, y, después de él, la mayoría de presidentes o cargos equivalentes que ha tenido nuestro país, lo son. ¿No te lo crees? Hay unos 26 presidentes en nuestra historia que proceden de esta tierra sabia y rica. Si te aburres, búscalos. Luego busca cuántos de ellos eran mujeres. Ja.
  • El flamenco, el aceite de oliva, nuestra luz, la Mezquita, la Alhambra, son parte del imaginario colectivo y seña de identidad de la maravillosa Andalucía.
Foto de frase de Antonio Gala que dice "Siempre que voy a Andalucía voy con temblor. No demiedo, sino de expectativa. Porque estoy seguro de que incurro en un riesgo: el de darme de bruces con quien fui. Y en ningún lugar del mundo fui tanto como en Andalucía".
Esta frase es de Antonio Gala. Foto de la Fundación Antonio Gala, en Córdoba.

¿Se nota mucho que me gusta mi tierra? Podría seguir así dos años más, o tres, y que viva la exageración andaluza también. Pero aunque me guste mucho hablar de todo lo de aquí, vamos a seguir con la entrada.

¿Por qué hicimos esta ruta?

Aunque esta tierra sea la mejor del mundo, las vueltas de la vida me han hecho pasar la mayoría de mi vida adulta -unos 17 años- en otros lugares. Cuando hicimos esta ruta para mostrarle a Josu el lugar donde fui a nacer en un día soleado del mes de agosto, no vivíamos aquí, así que tuvimos que rodar por mi tierra como si fuéramos viajeros en un lugar desconocido. Aquí os cuento esta ruta de 15 días por Andalucía, una ruta exprés que abarca mucho en poco tiempo, para tener una idea general de lo que es Andalucía. Nosotros la hicimos en mi coche en el mes de mayo de 2022, yendo desde Donosti hasta Córdoba en el primer día. No es para nada una ruta definitiva ni muchísimo menos perfecta. Es simplemente la que hicimos. Al final, añadiré otros sitios que considero de interés añadir si se dispone de más tiempo.

Como ya vais a ver, este viaje tiene un gran error (enorme) y es que no pasa por una de las provincias de Andalucía: Almería. Esto fue porque ya no nos dio tiempo y porque, sabiendo como ya sabíamos por aquel entonces que algún día viviríamos cerca y que una buena amiga mía vive allí, dábamos por sentado que algún día veremos las maravillas de esa provincia, con su Cabo de Gata maravilloso, su capital preciosa con su puerto, su Alcazaba y sus calles y sus gentes. Yo ya conozco todo esto y tengo por seguro que volveré. ¡Por favor no se me enfaden si alguien es de allí!

Esta ruta es imperfecta, muy cortita, nos dejamos mucho en el camino, pero conseguimos recorrer gran parte del territorio en coche en unos 15 días, que no es poco.

Si es la primera vez que vas a ir a Andalucía, quizás no lo sepas, pero nuestro clima es desértico. Extrema precauciones en verano ya que nuestras temperaturas pueden ser muy elevadas (mi consejo es que vengas en primavera o en otoño, incluso en invierno es mejor que en agosto). Venir en olas de calor puede hacer que sufras bastante si no eres de climas similares y que no disfrutes para nada el viaje. Dicho esto que considero de extremo interés (he visto a mucho turista pasarlo francamente mal con la calor), os cuento nuestro recorrido.

El recorrido

Nuestro recorrido por Andalucía en coche.

Día 1 – 23 mayo: Viaje en coche de Donosti a Córdoba.

Día 2 – 24 mayo: Córdoba. Medina Azahara y feria.

Día 3 – 25 mayo: viaje en coche a Sevilla.

Día 4 – 26 mayo: Sevilla.

Día 5 – 27 mayo: viaje en coche a Huelva. El Rocío y Parque Nacional de Doñana. Viaje en coche a Jerez.

Día 6 – 28 mayo: Jerez.

Día 7 – 29 mayo: viaje en coche a Ronda.

Día 8 – 30 mayo: Ronda y viaje en coche a Málaga.

Día 9 -31 mayo: Málaga.

Día 10 – 1 junio: viaje en coche a Frigiliana. Viaje en coche a Nerja.

Día 11 – 2 junio: viaje en coche a Lanjarón, Soportújar, Capileira (foto valle del Poqueira desde Capileira se ve Bubión y Pampaneira de fondo). Hostal Casa Rocío.

Día 12 – 3 junio: visita a Pampaneira y Bubión.

Día 13 – 4 junio: viaje en coche a Jaén. Hotel-Restaurante La Loma. Visita Úbeda y Baeza.

Día 14- 5 junio: viaje en coche de regreso a Donosti.


El camino se hace al andar

Nuestra ruta comenzó en la provincia de Córdoba. Esta ciudad es de las más importantes del mundo para mí, ya que es la mía. A pesar de haber crecido en un pueblo cercano, Córdoba capital ha sido mi referencia para todo a medida que crecía. Aquí fui al instituto, a la universidad, maduré y me convertí en una mujer de 20 años con ganas de ver el mundo, conocí a mis mejores amigos y a los primeros amores. Por supuesto, ya se la había enseñado a Josu en otras ocasiones anteriores a este viaje. Escribiré una entrada sobre ella aparte, como se merece, y en este momento solo os diré que es sin ningún tipo de duda una ciudad indispensable de Andalucía (y diría que de España).

Córdoba.

No es porque yo sea de aquí, pero mi ciudad tiene belleza y arte por todos sus costados, la Mezquita de Córdoba es inigualable y pasear por ella enamora a cualquiera. Qué decir de sus calles, de la judería, de la ribera del río Guadalquivir con sus Sotos de la Albolafia, la Corredera o el barrio de San Basilio… En fin, hay que conocerla.

Las ruinas de Medina Azahara.

En esta ocasión le dedicamos un día: en la mañana fuimos a visitar Medina Azahara y por la noche nos dimos un paseo por la feria.

Medina Azahara (Madinat al-Zahra), es nada más y nada menos que el mayor yacimiento arqueológico de toda España, que se dice pronto. Es un monumento imprescindible si se viene a Córdoba. Pasear por esas ruinas ardientes no debería ser algo que se deje para una próxima vez, ya que es un recorrido por la historia apasionante y muy enriquecedor. En su visita se aprende muchísimo, es un ejemplo increíble de las maravillas de Al-Ándalus y de su esplendor y es de esos sitios que inspiran a los poetas. No te lo pierdas.

Después de esta pedazo de visita, comimos en un restaurante que recomiendo sobre todo por lo bonito de su patio: la Sociedad de Plateros Maria Auxiliadora.

Comiendo en el maravilloso patio de la Sociedad de Plateros, en Córdoba.

La tarde la aproveché para quedar con mi mejor amiga desde que fui al instituto, mi amiga Julia, y nos fuimos a tomarnos algo a la terraza del Horno San Luis, un poco chic pero estuvimos muy bien. Después de sacudir la distancia como es debido y ponernos al día, con la boca seca de tanto charlar nos fuimos a ver nacer la noche a la feria.

La portada de la feria de Córdoba a los cordobeses les despierta las ganas de fiesta.
Ella ferianta.

Yo soy pocas cosas en esta vida pero si soy alguna es feriante. Podrás visitar esta feria si visitas la ciudad de las tres culturas en mayo (en este mes pasa de todo: aparte de la feria, hay cruces y son los patios). Me gusta muchísimo la feria de Córdoba porque es muy grande, hay muchísimas casetas para todo tipo de gustos: las hay aflamencás, las hay rockeras, las hay más pijitas, las hay de todas las ideologías políticas… En fin, date una vuelta y ve buscando lo que te gusta, que seguro lo encontrarás. POR FAVOR no confundir con la feria de Sevilla: aquí se puede entrar en todas las casetas, no hace falta ser amigo de nadie ni tener ningún carnet o invitación de nada. No digo que sea peor ni mejor que la de Sevilla, pero sí lo digo en realidad si te das cuenta. También, para los que como a mí os guste montaros «en los cacharritos» es obligatorio un paseíto por la Calle del Infierno.

Dormimos en un hostal económico en el barrio de la judería que se ha convertido en nuestro hostal de referencia cuando queremos dormir en la ciudad: Backpackers Al-Katre. Recomendado, las mujeres que lo llevan son majísimas. Después de pasar un ratito corto pero provechoso en Córdoba, seguimos nuestra ruta hacia Sevilla.

¿Qué se puede decir de Sevilla? Aparte de que tiene un color especial, de que aquí nació una de las canciones más famosas del mundo (y probablemente también de las más bailadas), de que es belleza pura, de que tiene cultura, arte, salero… ¡Sevilla lo tiene todo! Reconozco que, como buena cordobesa, me crié escuchando muchos tópicos y frases manidas sobre la capital. Ya se sabe, pasa en todos lados, a la ciudad capital de tu región se la envidia un poco, y se le suele tener tirria. Que si sevillitas que si engreídos, que si una cosa que si la otra. Todas estos pensamientos se me borraron de la cabeza la primera vez que la pisé y caí rendida a sus pies. Sevilla es increíble y quien diga lo contrario es que no tiene ni idea. Por eso uno de los males de este mundo (la envidia y el chovinismo) se curan viajando, mirando, dejándose enamorar de otras texturas y sitios.

Grafiti en Sevilla.
Sevilla es hermosa. No hay más.

En Sevilla pasamos dos noches y visitamos los lugares más emblemáticos como la Torre del Oro, la Giralda, la Catedral. También paseamos por la zona de las setas (la estructura de madera más grande del mundo está en Sevilla y tiene nombre de hongo/droga, ¿a qué mola?). Sobre todos estos lugares ya hay muchísima información online y no os voy a aburrir hablando de datos aleatorios como que la Catedral de Sevilla es la catedral gótica más grande del mundo y que ahí está enterrado Cristóbal Colón, o como que la Giralda fue durante siglos el edificio más alto de toda Europa.

Deciros que, ahora, algunos años después, lo que más recuerdo de Sevilla es Triana, la zona de la ribera del Guadalquivir, la plaza de España y la Alameda. Estos lugares son imprescindibles, con todo el espíritu de la ciudad, beberse un café, una cerveza (Sevilla tiene que tener algo malo, y es la Cruzcampo) o un vino, cada uno que pida lo que se le antoje. En esos sitios me sentí feliz, me encantaron los colores, los rincones y la gente con la que hablé. Incluso ese camarero de la Alameda que casi me escupe al preguntarle si había tapa con la caña y me mandó a Granada a preguntar allí, hasta de él me acuerdo y sonrío. Sevilla es una ciudad para perderse, caminarla, disfrutarla y saborearla. Si puede ser con un amigo sevillano como hicimos nosotros con nuestro amigo Antonio, mejor. Y no mirar ni el reloj ni el móvil. Os garantizo que os vais de la ciudad con un sonrisón de oreja a oreja. De hecho, estos dos días nos supieron a muy poco y estoy deseando vivir cerquita para poder pasear por ella de manera habitual. ¡Ojalá algún día pueda y os escriba una entrada sobre ella de una manera larga y en profundidad donde os cuente más cositas! Por ahora, lo dejamos así y pasamos al siguiente destino.

Plaza de España. La plaza más famosa de toda Sevilla.

De la maravillosa y ardiente capital, donde dormimos en un albergue barato que encontramos llamado A2C, nos marchamos en el coche para llegar a la provincia de Huelva. No fuimos a la ciudad, sino que visitamos el Rocío y el Parque Natural de Doñana.

El Rocío es una aldea de Almonte, un municipio de Huelva, y seguro que la mayoría de vosotros lo conocéis. Es un sitio de peregrinaje mariano muy importante en la religión cristiana. Una vez al año los peregrinos y peregrinas se reúnen alrededor de su ermita y de su virgen, la Virgen del Rocío, y en ese momento se convierte en el tercer lugar más poblado del país, reuniendo a más de un millón de personas. Pensad que la aldea normalmente no tiene ni dos mil habitantes. Es una locura. Como andaluza, es algo cultural con lo que crecemos. Recuerdo ser una niña, estar en el colegio de mi pueblo y ver por las ventanas a carrozas en peregrinaje hacia allí, con los rocieros cantando, comiendo, bebiendo y festejando. Tenían pinta de pasárselo realmente bien cuando cruzaban por mi pueblo en su camino a esta aldea de Huelva. Días después de ver estas carrozas, en el telediario se veían las imágenes de la gente en estado de éxtasis viendo a su virgen, tocándola, dándose empujones para poder llevarla en procesión, llorando, gritando, lanzando a niños por el aire para que tocaran a la imagen. Un momento culminante es el «Salto de la Reja», momento en que inicia la procesión y en el que los devotos saltan la reja que protege a la virgen, literalmente. Os dejo un vídeo de el salto de la reja de 2026, para que lo veáis y alucinéis si no sois de mi tierra. Nosotros estamos acostumbrados, pero os repito que es muy loco. En Andalucía «lo rociero» es un estilo, hay coros rocieros, bodas rocieras, para que os hagáis una idea de lo importante que es este lugar. Nosotros no somos devotos, ni mucho menos, pero este lugar es precioso y creo que tiene algo especial. Yo lo conocí de pequeña, cuando fui de excursión con el cole a Doñana y pasamos por aquí; y me encantó.

La aldea de El Rocío.

Imaginaos un pueblito pequeñito, con el suelo completo de albero (una tierra amarilla típica andaluza, por la que caminamos aquí en las ferias, la que se usa en las plazas de toros), sin asfaltar. Un sitio donde parece que se ha parado el tiempo, donde hay esta locura una vez al año. Con su ermita, que es preciosa, todo sea dicho. Y, para mí lo más increíble: sus marismas. Un humedal gigante que puedes ver desde el pueblo, un enclave único y muy importante para miles de aves que paran aquí en sus vuelos migratorios y que limitan con el Parque Nacional de Doñana, el siguiente lugar que visitamos.

El Parque Nacional de Doñana es un lugar digno de visitar para dejarse embaucar por sus ecosistemas (playas, dunas, marismas, cotos) y disfrutar del tour que ofrecen. Es un lugar muy importante en nuestro continente, con una biodiversidad única, sobre todo debido a sus marismas, que como os digo sirve a miles de aves y otras especies acuáticas. Si tenéis oportunidad, no dejéis de visitarlo. Para mí fue algo triste descubrir que en 2022, cuando fui con Josu, era observable la falta de agua y se constataba que estaba pasando por una crisis de abastecimiento. Así nos lo explicó también el guía del parque, según nos contaban esto era debido al uso del agua por parte del turismo y de pozos y regadíos privados. Espero que esto se solucione pronto y puedan proteger este sitio tan increíble.

En el Parque Nacional de Doñana.

Después de pasar el día en la provincia de Huelva, volvimos al coche para dormir en la provincia de Cádiz. ¡Jerez nos esperaba!

Ese día sólo llegamos y dormimos en Jerez, en un hostal llamado Villa Marina, que por lo que veo cuando escribo lamentablemente ya no se encuentra funcionando. Al día siguiente nos tocó ya disfrutar del lugar.

Jerez es una ciudad de la provincia de Cádiz, la más grande, incluso más que la capital. Deciros de antemano que en esta ocasión no paramos en Cádiz capital, porque, de nuevo, es una ciudad que ya conocíamos y la dejamos fuera de la ruta. Pero, por favor, no penséis que Cádiz no es digna de visitar o no merece la pena. Cádiz, para mí, es la ciudad más bonita y en la que mejor me siento de toda España. Toma ya. Cádiz y yo tenemos una relación de largos años, y es que la primera vez que pisé sus calles era bien pequeña y ya me quedé unida a ella. A mí Cádiz me gusta tanto, que cuando escribo esto no dejan de llegarme correos electrónicos de pisos en alquiler allí, porque planeo que sea mi siguiente ciudad. Osea, planeo pasar unos años de mi vida ahí. Así me gusta a mí Cádiz. No hay una vez que yo visite Cádiz, y han sido muchas a lo largo de mi vida, en la que me marche queriendo irme: siempre me voy con pena y desazón, deseando volver. De nuevo, haré una entrada de ella solita, como se merece, en otra ocasión. Espero que sea después de vivir unos meses (o años) en ella y sentirme de verdad capacitada para escribir sobre esta ciudad que adoro.

Pero volvamos a Jerez. Aquí pasamos dos noches, la primera recién llegados y la segunda después de visitar una bodega jerezana y de pasar la noche con uno de mis mejores amigos siguiendo el ambiente festivo con el que salimos de la bodega.

En la cata de las bodegas Tío Pepe.

Elegimos visitar la bodega Tío Pepe, creo que de sobra conocida, pero hay muchas, ya que Jerez es tierra de vino desde hace muchos, muchos años. En esta zona del mapa, tanto en Jerez como en otras poblaciones cercanas como Sanlúcar de Barrameda o el Puerto de Santa María, existen varias denominaciones de origen: las de Jerez, Xérèz, Sherry o Manzanilla seguro que os suenan. Investigando un poco sobre el tema, he descubierto que el vino más antiguo del mundo es andaluz, ¿qué os parece? Y fue uno encontrado en una tumba en Carmona (Sevilla) de grandes similitudes al vino de Jerez, con más de dos mil años de antigüedad. Todos esos años llevamos dándole al trinquis por mi tierra.

Visita casi obligada en Jerez.

Si pasas por la provincia de Cádiz, te aconsejo encarecidamente dedicar un ratito a descubrir este aspecto de nuestra cultura andaluza, ya que los vinos de Jerez son exquisitos y muy distintos a otros vinos de otras partes del mundo. Aprenderás qué es la flor, qué es una venencia o un catavino y de dónde viene la expresión tener solera. Anímate.

Como os he dicho, de la cata y de la visita a la bodega salimos un poco entonadillos, ya que nos gusta mucho el vino y no dejamos ni una gotita que nos sirvieron, porque también somos muy educados. Entonces después fuimos a un bar que nos encantó en la ciudad y que descubrimos de casualidad (porque el GPS nos llevó caminando del hostal a la bodega por ahí por error) y que os recomiendo: La Librería. Desde allí, llamamos a uno de mis mejores amigos que, por qué será, es gaditano, y se unió a nosotros, mi queridísimo amigo Dani. Y el resto es historia, solo os puedo decir que dormimos poco y que hubo mucha música, baile y plumas.

Al día siguiente los tres, Josu, nuestra gran resaca y yo, pusimos rumbo a la siguiente provincia de la ruta: Málaga. Antes de dirigirnos a la capital, hicimos parada en uno de los pueblos más bonitos que tiene esta provincia: Ronda, donde hicimos una noche en el hostal Doña Carmen.

Ronda.

Ronda es chulísima, está encima de un gran desfiladero llamado El Tajo (el nombre decidme que no es molón) que es impresionante. Puedes pasarte horas admirando el paisaje y sin parar de pensar en cómo hicieron para construir ese pedazo de puente que es El Puente Nuevo. Yo reconozco que estuve un rato pensando en todas las personas que trabajaron ahí y llenándome de admiración. Este puente cruza el río Guadalevín y tiene 98 metros de altura. Yo sufro de vértigo y me vi en grandes dificultades para poder asomarme y disfrutar de las vistas. Quise echar una foto y un poco más y acabo tumbada en el suelo de los sudores que me entraron para divertimento de Josu, que sí pudo echar fotos y estar más tranquilo que yo. Para mí, este sitio es imprescindible en Málaga.

Málaga.

Después de disfrutar las vistas y pasar los sudores fríos, seguimos la ruta hacia la capital de la provincia. Aquí tengo una gran amiga, Cristina, que nos alojó en la casa en la que vive junto a su marido Kike, por lo que pudimos compartir con ellos unos días en la gran city de Andalucía. Digo esto de la city porque para mí Málaga es una ciudad con una personalidad algo distinta al resto. Tiene el aeropuerto más grande de toda Andalucía y no es casualidad: en los últimos años se ha proyectado como una ciudad de eventos internacionales, centro cultural y de atracción para inversores. Esto tiene múltiples beneficios para la ciudad, sobre todo económicos, pero a mi parecer, tiene también grandes inconvenientes. Se está perdiendo la idiosincrasia malagueña, y cuando estoy en ella no siento el ambiente andaluz como lo vivo en otros sitios. Aparte de que hay un problema de una gravedad extrema con la muerte de la vida del barrio, de los pequeños comercios y con los elevados precios de la vivienda. Este problema es conocido en otras grandes ciudades, pero en Málaga es extremo. Aún así, es una ciudad bonita que merece ser incluída en una ruta que se precie por mi tierra.

Por Málaga hay también que pasear, dejarse embelesar por sus calles bonitas y sus monumentos más conocidos, como la Catedral, la calle Larios (el poderío de Málaga viene de antiguo), la Plaza de la Constitución o la Alcazaba. En estos días aquí la verdad es que lo único que hicimos fue pasear y estar con nuestros amigos, ponernos al día que hacía mucho que no nos veíamos, así que no hicimos mucho «turisteo». Sí paseamos por el puerto, muy famoso y muy querido por los malagueños y la verdad es que cuando estás allí lo entiendes porque lo tienen muy cuidado y vistoso. Recomiendo ir al atardecer y ver morir el día disfrutando de un rico helado. También aprovechamos un día para bañarnos en el Mediterráneo, remojándonos en La Malagueta.

El bañito en la Malagueta.

Después de vivir la vibrante Malaka, como la llamaban los fenicios, aún nos esperaban dos municipios de esta provincia. Nos fuimos en coche y pasamos la mañana en la preciosa Frigiliana, perteneciente a la comarca de La Axarquía. Es un pueblo chulísimo, que si sois rollo fotógrafos os encantará porque es muy, muy fotografiable (o instagrameable). Nosotros no somos grandes fotógrafos, así que nos conformamos con pasear un poco y asomarnos a su tranquilo mirador.

Mirador de Frigiliana.

Después de disfrutar un ratito de su belleza, fuimos a Nerja, también perteneciente a la misma comarca oriental de Málaga.

Nerja.

Nerja de preciosura no se queda atrás. El pueblo entero está tan bien cuidado, tan limpio, tan blanco, tan resplandeciente que es que te deslumbra. Sin poder obviar que aquí, señores y señoras, está el barco de Chanquete, que no es poca cosa. Las flores tienen unos colores distintos en este pueblo y el Sol parece que brilla más. Asomarse a su Balcón de Europa es algo que no se te olvidará en la vida, me encantó. He de decir que no la conocía hasta que fui en esta ocasión junto a Josu y siento que no va a ser la única vez que vaya. Aparte de disfrutar de sus estampas, de ese color del mar y de su luz, aproveché para quedar con otra amiga que tengo que es malagueña (me doy cuenta de que este fue un viaje muy chulo en este sentido, estuvimos con un montón de amigos). Aunque mi querida Blanca sea de Fuengirola, se pegó un salto para vernos y pasamos la tarde en Nerja divinamente. Aprovecho para decir que ella es diseñadora de moda y hace cosas tan chulas como estas. Publicidad activada.

Con mi amiga Blanky, ¡la mejor malagueña que conozco!

En Nerja nos quedamos en un hostal que se llamaba Hostal Azahara y que era bastante económico. Después de esta última parada malagueña, nos tocaba de nuevo cambiar de provincia: nos dirigimos hacia Granada.

Granada ciudad, de nuevo, es una ciudad que ya conocíamos y por la que en esta ocasión no paramos. Aun a riesgo de sonar repetitiva, en el futuro me gustaría hacer una entrada aparte de esta ciudad, tan moruna y bella, y de la que no hace falta argumentar el porqué merece una entrada para ella solita. En una ruta por Andalucía, debería ir seguidamente tras visitar Sevilla y Córdoba, a mi parecer, si quieres ir a lo cultural, y seguidamente tras Cádiz, si quieres ir al pleno disfrute. He dicho.

En la ruta como os digo no paramos y fuimos directos a La Alpujarra granadina. La Alpujarra es una zona de montaña al sur de Sierra Nevada que abarca una parte de la provincia de Granada y otra de la de Almería. Yo sólo conozcola parte granadina y puedo afirmar con rotundidad que es una zona preciosa. Sus pueblos son blancos, como salpicaduras de leche en mitad de la montaña, de difícil acceso (relativamente) pero en los que merece la pena quedarse unos días. Los nombres de los pueblos son también inolvidables, ya lo veréis. Como íbamos cómodamente en mi coche, la primera paradita la hicimos en Lanjarón, donde comimos y paseamos por sus calles. Aquí hay que beber agua. Tiene muchas fuentes por todas sus calles y el agua es exquisita, sabrosa y rica. Sí, sí, sabrosa. Agua sabrosa. Rica en minerales, directa de la sierra, fresca como pocas. A los españoles no hace falta que os lo explique, pero para los que no seais de aquí, una de las marcas de agua embotellada más famosas del país se llama, precisamente, Lanjarón. Nada más que añadir. En esta localidad también hay un balneario histórico que no conozco, pero donde mi padre y mi madre se han dado unos cuantos chapuzones.

Mirador en Soportújar.

Después nos dirigimos a un pueblo que yo no conocía, pero del que había oído mucho hablar, que se llama Soportújar. Es un pueblo de brujas, o eso nos habían dicho. Y, efectivamente, está todo ambientado como si fuera un cuento de brujas. Encontrarás diversos «monumentos» que hacen referencia a mundos de fantasía, escobas de brujas con gatos, búhos, casitas de chocolate. Fue divertido caminar por aquí, pero si no dispones de tiempo, es un pueblo que se podría obviar para pasar a los siguientes, que en mi opinión sí son imperdibles. Esa noche dormimos en uno de los sitios más bonitos de esta parte de Granada: Capileira. Elegimos en esta ocasión una casa rural, Casa Rocío y era muy, muy bonita. Estuvimos dos noches y yo me hubiera quedado bastante más.

Capileira.

Capileira como os decía es uno de los pueblos magníficos de la alpujarra granaína. Es uno de los que se encuentran a más altitud y desde él hay unas vistas de la montaña espectaculares. Su arquitectura es típica de la zona, en su estilo bereber, ya que las primeras tribus que se asentaron aquí eran bereberes, por lo que si conoces el Rif marroquí, te sonará todo muchísimo. Por sus calles verás los famosos tinaos, las regueras por el suelo, incluso burros que aún son un animal muy común para el transporte y la carga. Son pueblos muy bonitos, peculiares todos ellos, para pasear y hacer mil fotos. Tomarse un cafecito o comprar artesanías. Sí que se nota que es un sitio turístico, por lo que convendría bien ir preparados para un buen golpecito de precio, porque se nota que aumenta un poco. En Capileira hay un mirador desde donde puedes observar todo el Valle del Poqueira, y otros pueblos, como Bubión o Pampaneira, que por supuesto también visitamos al día siguiente.

En estos pueblos estuve por primera vez cuando era una adolescente, en una excursión que hice con mi familia. Recuerdo, lo que más, que la banda sonora de los viajes en el coche era el grupo Vacazul (desde entonces estoy obsesionada con la voz de Jairo Zabala (o Depedro como se le conoce artísticamente), y también que mi padre iba preguntando a toda las personas que encontraba que si ahí vivía «algún guardia». Él preguntaba por uno de sus apellidos, buscando sus orígenes, pero los alpujarreños creían que les preguntaba por la Guardia Civil, así que hubo momentos bastante divertidos. Así que sí, por lo que sabemos, parte de mi familia habitó esta parte del mundo, así que me siento también algo ligada a este paisaje. Otro de los momentos que más recuerdo es ver subir a las nubes por la ladera de la montaña cuando estábamos en un mirador de Bubión, y sentir cómo se quedaba todo el pueblo sumido entre ellas, como si estuviéramos en el cielo. Fue un momento chulísimo que se me quedó grabado.

El valle del Poqueira desde el mirador de Capileira.

Tras embriagarnos con la belleza de La Alpujarra, era hora de emprender el camino a nuestro último destino del viaje: Jaén. Aquí, fuimos directamente a los famosos pueblos de Úbeda y Baeza. Para visitarlos, bastó con un día, aunque reconozco que se quedó cortito, hubiera estado algo más de tiempo, la verdad. Nos alojamos en un hotel-restaurante que pillaba justo en medio, entre los dos, porque ambos están muy cerca. Se llamaba La Loma y bueno, no era nada especial, era un típico hotel de carretera.

Baeza.

Los pueblos de Úbeda y Baeza son preciosos, por algo son Patrimonio Mundial de la Humanidad. También son asentamientos milenarios, donde los humanos llevamos haciendo cosas de humanos muchísimo tiempo. La arquitectura, sus calles, sus miradores, merecen muchísimo la pena. ¡Sus monumentos! Es una locura, reconozco que era una completa ignorante de los tesoros que guardan y quedé muy impresionada. Hay que ir y hay que quedarse un tiempecito para empaparse de todo bien. Nosotros, como os he dicho, no estuvimos mucho, pero pudimos perdernos en un largo paseo por sus calles y nos quedamos embelesados, disfrutamos muchísimo. Y no echamos ni una foto, como podéis comprobar en la foto que pongo, bajada de internet.

Descubrí con mucho entusiasmo que Baeza se ha volcado con la figura de Antonio Machado, que aunque era sevillano, pasó aquí siete años de su vida y estos paisajes le inspiraron y le hicieron escribir textos preciosos. Os recomiendo encarecidamente visitar el Centro Expositivo Antonio Machado, no os defraudará. En Baeza, otro lugar realmente imperdible es el Paseo de la Murallas o de Antonio Machado, con unas vistas del Valle del Guadalquivir alucinantes. Dejaos llevar, caminad haciendo camino, caminantes. Para que veáis lo bonito que es Baeza, Antonio Machado la describió como poesía en piedra, ¿cómo os quedáis?

Y, tras dormir una noche entre estos dos hermosos lugares, acabamos con pena esta ruta por Andalucía que disfrutamos muchísimo. Yo, porque amo esta tierra y me encanta estar por aquí, y Josu, dejándose sorprender por muchos sitios que no conocía y que le sorprendieron mucho, por su belleza y personalidad. Si no conocéis esta región, sólo puedo animaros a que vengáis, siempre con respeto, con ganas de aprender y de observar, y de pasarlo bien, claro que sí.

¿Qué se come por aquí?

Para finalizar, os hablo también de platos andaluces de cada provincia, para que no os vayáis de aquí sin probar nuestra gastronomía. Deciros que la lista podría ser infinita, pero evidentemente hay muchísima información por internet donde podéis profundizar más en este tema.

Salmorejo hecho por aquí la menda.
Flamenquín de un bar en Córdoba, las manos que dan el OK son de mi hermana.
  • Almería: migas de sémola, olla de trigo, gurullos o gallopedro.
  • Cádiz: tortillitas de camarones, pescaíto frito, cazón en adobo (bienmesabe), atún rojo de almadraba.
  • Córdoba: salmorejo, flamenquines, berenjenas fritas con miel, rabo de toro.
  • Granada: habas con jamón, olla de San Antón, plato alpujarreño, piononos.
  • Huelva: gambas de Huelva, jamón ibérico de Jabugo, patatas con choco, raya con pimentón, coquinas.
  • Jaén: pipirrana, andrajos, ajoatao, galianos, papajotes.
  • Málaga: espetos de sardinas, porra antequerana, chivo lechal malagueño, sopa perota.
  • Sevilla: solomillo al whisky, pringá, serranito.

Os dejo ya, se me ha quedado la entrada algo larga, pero no es para menos. Espero que la hayáis disfrutado mucho.

¡Que no pare el rock, y si puede ser por Andalucía, mejor!

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