
En nuestro viaje por Perú de tres meses dentro de nuestro viaje de más de un año, llegamos aquí en un autobús nocturno desde Nazca. En esta entrada os contaré lo que hicimos en Arequipa, una ciudad del sur de Perú que nos encantó.
Empiezan los calores de verdad
Tras varios días nublados y grises -prácticamente desde que llegamos a Perú- Arequipa nos recibió con un sol abrasador que nos quemaba bastante más de lo esperado, teniendo en cuenta que junio es «invierno» en este país.
Como os contaba en la entrada anterior, en nuestro autobús venían también nuestros conocidos del País Vasco (que vimos por primera vez en Ica en la estación de autobuses y con los que hablamos en el microbús hacia las líneas de Nazca), y con ellos compartimos un coche desde la terminal hasta el centro de la ciudad, ya que estaba bastante lejos para caminar bajo esos calores. Al bajarnos de ese coche, nos despedimos de ellos, ya que nos habían caído muy bien y nos dijimos adiós dando por hecho que, como había pasado hasta ahora, nos íbamos a volver a encontrar por la ciudad de forma casual. Pero lo cierto es que esto nunca ocurrió y ya no los volvimos a encontrar más por nuestro camino, ¡qué pena! ¡Los saludo desde aquí si me leen!
Una vez a solas y cargados con nuestras motxilas, buscamos un hostal baratuno para unos días por una zona que habíamos visto que había varios baratitos. Una vez decidido dónde dormiríamos, tocó aprovisionarse con cremas solares (en Perú se le llama bloqueador solar), Josu se compró un sombrero de explorador, que no había echado en la motxila, y sacamos las chanclas y los pantalones cortos. Amigos, el calor había llegado y de qué manera.
Ciudad entre volcanes

Arequipa, la ciudad más al sur del Perú en la que estuvimos en nuestra ruta, está situada bajo la protección de tres volcanes, todos ellos visibles desde la ciudad: el Chachani, el Misti y el Pichu Pichu. Los paisajes en Arequipa, mires a donde mires en la lejanía, son bonitos y únicos.
Pasear por la ciudad es muy agradable, más que en otras ciudades del Perú, ya que el ambiente es muy tranquilo, menos ruidoso, se escuchan muchas menos bocinas de coches, y las calles son muy concurridas y llamativas, con muchísimas tiendas y cosas que ver.
Esta ciudad nos gustó mucho, diría que a mí fue la ciudad que más me gustó de todo el país. No me importaría vivir una temporada en Arequipa, caminando sin cesar por su centro histórico o haciendo excursiones por sus alrededores que son incomparables, ya que desde aquí se visita el valle del Colca y su impresionante cañón. Durante varios días afirmé que era mi ciudad favorita del Perú, peeeeero luego Cusco se cruzó en mi camino y, aunque no viviría en ella, sí creo que es más bonita que Arequipa.
Incluso estando algo enferma como estaba, ya que seguía con la tripa fatal desde Paracas, aquí hicimos deporte por las mañanas, dimos muchas caminatas arriba y abajo por la ciudad y fue un buen sitio para estar cuidándonos. Nos sentimos en paz, como en casa, en sintonía con el lugar.
¿Qué hacer en Arequipa?

Estuvimos en total cinco días en Arequipa, haciendo entre medias y durante cuatro días una excursión barata al cañón del Colca, que os contaré con más detalle en otra entrada. Los primeros días nos alojamos en un hostal cerca de la Plaza de Armas, por la calle Puente Grau. Y al regresar del Colca, dormimos en otro hostal por la zona, en la calle Rivero, que nos gustó mucho porque en el patio había un conejito blanco, como un peluche con un rabo que parecía un pompón perfecto y suave, que se subía a mi regazo y me daba calorcito mientras leía en las tardes. Era de la nieta del dueño, ¡una niña con mucha suerte! ¡No todo el mundo tiene una mascota perfecta, suave y blandita a los 6 años!

En la ciudad visitamos el Mercado de San Camilo, para deleitarnos con sus muchísimas frutas y verduras, sus olores y sabores. La Plaza de Armas se convirtió en un sitio donde sentarnos y descansar a diario, con su impresionante basílica catedral. Allí incluso conocimos a un español que promocionaba su restaurante en la plaza, que nos contó que vino hace años a Perú y nunca regresó, enamorado de Arequipa, su clima y su entorno. Y no me extraña. Cerca de la plaza, también se encuentran los Claustros de la Compañía, un patio maravilloso que bien merece ser visto.

También visitamos el famoso Monasterio de Santa Catalina, que es una obra de arquitectura preciosa, con mucho influjo español y andalusí, que me enamoró. Es espectacular y muy bonito, recomiendo mucho su visita, pero por otro lado despierta mucha pena y horror, ya que explica bastante bien como vivían (y viven) esas mujeres que decidieron o fueron empujadas por la situación o el momento histórico a internarse como monjas de clausura entre sus paredes. Celdas para dormir, aisladas por supuesto del exterior, privadas de privacidad (valga la redundancia) y privadas de su voz, adoctrinadas para servir y guardar silencio. Incluso les enseñaban a torturarse y autolesionarse, en un intento de estar «más cerca de Dios» mediante el sufrimiento. Todo muy siniestro, muy sectario. Solo espero que las mujeres que viven a día de hoy bajo su techo no tengan esa vida de calvario que explicaban durante el recorrido y que sus condiciones hayan mejorado. Ay, mujeres, ¡cuánto camino nos queda por delante, diosa mía!

Recorrer las calles de Arequipa ya es planazo
Varios días de los que pasamos en Arequipa visitamos a la hora del almuerzo un sitio muy recomendable llamado Xarzamora. No suelo recomendar sitios a no ser que me gustaran de verdad, y este es el caso. Tenían un menú variado y muy rico, ¡y bien barato! Animaos a probarlo si visitáis la ciudad.
Yendo un día de paseo por el barrio de Yanahuara, comimos también en una picantería en la que probamos un chupe de camarón para, como su nombre indica, chuparse los dedos. Nos pusimos finos. Las picanterías son restaurantes típicos del Perú, especialmente de esta zona de Arequipa, caracterizados por ofrecer comida casera, de calidad y con un toque picantón. ¡No hay que irse de Arequipa sin visitar alguno!

En este barrio de la parte oeste de Arequipa, al otro lado del río Chili, se puede visitar el Mirador de Yanahuara, sitio con una de las mejores vistas de la ciudad. Desde aquí se divisa también de una forma especial el volcán Misti. No os lo perdáis, además que el paseo desde el centro para llegar hasta aquí es muy agradable, pasando por el río y por el Malecón Bolognesi que también está muy cuidado y es bien bonito.
Las noches de Arequipa
Arequipa, al ser segura y tranquila, ofrece también la oportunidad de disfrutar de ella por las noches. Nosotros, en las tardes y noches que pudimos disfrutar de la ciudad, paseamos mucho y nos hicimos frecuentes de una mini cafetería en el centro, en la calle Puente Bolognesi, donde nos tomábamos los primeros matecitos de coca del viaje, preparándonos para nuestra excursión futura al valle del Colca, ya que ayudan a tolerar la altitud. El dueño era un señor muy majo, que ya nos veía entrar y preguntaba «¿dos matecitos de coca?». No hablamos mucho con él hasta justo el último día en Arequipa, como de despedida, y resultó ser un creyente de conspiranoias bastante extremo. Vaya por donde, no se puede tener todo.
Hablando con él, nos preguntó por nuestro viaje y al contarle por encima lo que ya habíamos visitado y nuestros planes para las siguientes semanas de viaje, nos miró muy serio y nos espetó: «ay, pero está difícil, difícil, el día 1 de julio EEUU cierra su frontera, ¿no lo saben? Yo estoy bastante informado y si ellos cierran es porque algo va a venir, algo va a pasar, ya van a venir desde el espacio, algo va a pasar«. En ese momento Josu y yo sonreímos, dimos las gracias y dijimos buenas tardes y adiós. Con lo majo que parecía el señor y ya ves, shit happens. Locos everywhere.

Otra cosa de locos es el movimiento nocturno que hay en la ciudad, sobre todo en la parte al sur de la Plaza de Armas. Es como una especie de centro comercial al aire libre gigante, cada calle está abarrotada de comercios de todo tipo y es digno de ver aunque no necesites comprar nada. Josu aprovechó y compró algo de ropa interior, bastante bien de precio. Como en esta zona hay tanta gente, también por estas calles verás a muchas vendedoras de comida ambulante y vendedoras de infusiones calientes que bebe todo el mundo al anochecer en Perú: el emoliente.

En Arequipa aprovechamos también para hacer gestiones que son muy necesarias cuando andas viajando, como lavar tu ropa. Las lavanderías son grandes amigas de los viajeros y siempre es como una especie de reto el intentar que cada lavado salga, mínimo, igual de precio que el anterior. Y si se puede ir bajando el monto mucho mejor.
También en esta ciudad yo aproveché para finiquitar un experto de enfermería que estaba cursando al iniciar el viaje y que, menos mal, aprobé desde aquí. Lo provechoso que es viajar, oiga.
Después de varios días en la bella, tranquila y apacible Arequipa, y tras haber conocido el valle del Colca en nuestra excursión de 5 días desde aquí, tocaba coger motxilitas y continuar danzando. En esta ocasión y por primera vez en este viaje, yendo hacia el norte, solo un poquito. Un bus de unas largas ocho horas nos llevaría hasta Puno, la ciudad con mayor altitud que visitaríamos en nuestra ruta, ¡se encuentra a unos 3830 metros sobre el nivel del mar!
Os vuelvo a dejar por aquí el mapa de nuestro recorrido por todo Perú, para que veáis que fuimos siempre hacia el sur, hasta ir de Arequipa a Puno.

¡Venga motxileros rockeros, que no acabe la música ni el roleo y acompañadnos al siguiente destino!
¡Nos vamos de excursión al precioso e imperdible Cañón del Colca!

Datos prácticos para motxileros:
Bus Nazca – Arequipa: 184 soles.
Bus Arequipa – Chivay: 40 soles (4,5h.).
Bus Arequipa – Puno: 8h. de duración.

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