Tras unos días en Lima, salimos de la capital para dirigirnos hacia el sur por la costa y parar unos días en Paracas y sus playas. En esta entrada, os cuento qué hicimos en este lugar de Perú.

Llegamos a la Bahía de Paracas
Aquí llegamos en un autobús por la mañana, dándonos tiempo ese mismo día a pasear un poco por el pueblo para conocerlo.
Los días que pasamos en esta zona fueron nubosos y ventosos, por lo que poco vimos brillar el sol en la costa peruana en los inicios de nuestro viaje.
Desde este pueblo, las excursiones más habituales son visitar la Reserva Nacional de Paracas y también conocer las Islas Ballestas. Nosotros lamentablemente sólo pudimos ver uno de los dos sitios, os lo cuento a continuación.

Al llevar poco tiempo en Perú, aún íbamos un poco verdes en esto de las excursiones y tours, por lo que habíamos reservado online previamente la visita a las Islas Ballestas (algo que si no me falla la memoria nunca más volvimos a hacer, porque la experiencia nos enseñó que ni es necesario, ni más económico: la mayoría de veces es lo contrario). Es mucho mejor ir reservando (o planeando) sobre la marcha, viendo distintos operadores sobre el lugar y también investigar si se puede ir por cuenta propia a los sitios, sin presiones de grupo, sin tiempos preestablecidos y a tu bola.
En Viajar barato ya os comentaba que aunque pensemos que todo previamente reservado es lo mejor, la mayoría de veces no lo es.
Aparte, como solemos viajar sin saber exactamente cuándo estaremos en el siguiente lugar, necesitamos esa flexibilidad que te da el no planear de antemano.
Antes de adentrarnos en estas dos actividades que hicimos en Paracas, aclarar que en realidad el pueblo donde estuvimos se llama El Chaco. La denominación Paracas se refiere a la región, englobando al pueblo y a otras zonas más.

El Chaco
El Chaco, en Paracas, es un pueblo bastante bonito con un paseo marítimo lleno de restaurantes donde comer pescadito rico en menús de unos 25 soles (en su momento nos pareció barato, pero con la perspectiva vemos que no lo es tanto), hay mucha variedad y sitios para elegir. Aparte de bonito, es bastante turístico, con muchos jaladores que intentan venderte su menú, su carta o sus tours hacia las excursiones ya mencionadas, lo que se puede hacer algo pesado si, como nosotros, pasas unos días allí y recorres el paseo en varias ocasiones.
Te impresiona descubrir que no te recuerdan tras 5 minutos, ya que cada vez que pasas te tratan como si te acabaran de ver, e intentan insistentemente que entres en su local a consumir. «No», «gracias» y «buenas noches» y continúas caminando hasta el siguiente jalador, ¡no hay otra!
¿Qué hacer en Paracas?
Os hablaré a continuación de las actividades más comunes que se pueden hacer si llegáis a este rincón de nuestro querido Perú.
Excursión a la Reserva Nacional de Paracas

Tenemos que reconocer que al llegar aquí, no teníamos mucha intención de visitar esta reserva. Vinimos principalmente por las Islas Ballestas y porque teníamos el tour reservado; pero una vez aquí leímos en otros blogs de viajes sobre este lugar y se despertó nuestra curiosidad.

Decidimos echar un vistazo y caminar por el paseo marítimo en busca de información sobre cómo ir a este lugar. En estas circunstancias conocimos a Miguel, un operario turístico que nos ofreció una visita económica al lugar. Lo pensamos un rato y decidimos comprarla con él. Era bien barata porque consistía en unirnos a otros excursionistas que venían en una excursión más completa desde Lima, así que en su parada en el pueblo nos montamos en su microbus y nos unimos a ellos camino a la reserva.
La excursión prometía ver varios sitios, pero finalmente y, contrariamente a lo que nos dijo aquí nuestro amigo Miguel, no fue la más completa. Obvió algunas partes de la reserva que sí se visitan en otros tours, pero en general quedamos contentos.
Estuvo bien, no vamos a decir que fue una pasada porque estaríamos mintiendo, pero ya que estábamos en Paracas creo que está bien tomarse el tiempo para ver este lugar.
El guía del tour era muy hablador y contaba chascarrillos graciosos bastante manidos que se notaba que soltaba de manera automática, ya que repitió más de uno y más de dos para desconcierto del personal (aunque muchos de ellos, como buenos peruanos, iban en el séptimo sueño en los trayectos entre una parada y otra.
Durante la excursión vimos unas estampas costeñas muy lindas, la Playa Roja y los bonitos paisajes desérticos que decoran toda la reserva. Aparte de esto, tuvimos momentos hilarantes.
Llegando al lugar donde supuestamente parábamos a almorzar (una especie de zona con 4 edificios ahí plantados en mitad de la reserva), el guía estuvo como cinco minutos contándonos las penurias de uno de los restaurantes que había, lo mala que era la comida, que era muy cara, que el personal era casi el mismísimo diablo, que estafaban diciendo los precios mal, etc. Él nos iba a aconsejar dónde teníamos que almorzar para no caer enfermos ni que nos timaran, «al salir del autobús me siguen por favor hasta el restaurante donde les obsequiaremos con un pisco sour de cortesía». Al aparcar el autobús, vimos que efectivamente a unos 50 metros caminando había dos restaurantes.

Estaba el bueno y el malo, faltaba el feo. De repente se apareció como un rayo ante nosotros un señor con piel muy morena y con una barriga prominente en una moto, gritándonos mientras se aproximaba que no estábamos obligados a comer donde nos decía el guía, que eran unos mentirosos, que fuéramos sólo dónde él nos decía (por supuesto, al otro restaurante), «¡ustedes son libres!, ¡SON LIBRES!».
A la vez que nos gritaba que éramos libres, iba gritando el menú y el precio del restaurante al que pretendía que fuéramos, todo ello intercalado por improperios y avisos sobre la competencia. Sus amenazas y alertas eran bastantes parecidas a las que el guía había lanzado previamente.
Os podéis imaginar el panorama: la mayoría de la gente caminaba siguiendo al guía cual pollito sigue a su mamá gallina, casi sin hacer contacto visual con este señor, temiendo caer en las redes del diablo estafador, en las fauces de la bestia, no solo estafador sino mala gente, sobre el cual ya nos habían alertado. Otros, más valientes y atrevidos, aún le lanzaban alguna mirada divertida e incluso parecía que dudaban si seguir la tentación. Nosotros elegimos ir a por nuestro pisco de cortesía -que resultó ser un chupito- y después nos fuimos dando las gracias y comimos un bocata que ya, previsores nosotros, traíamos en la motxila preparadito.

Todo este escándalo que se armó en un momento nos hizo pensar que había bastante enemistad o tensiones entre ellos, pero nada más lejos de la realidad. Después, cuando ya poco a poco la gente iba acabando de almorzar y se dirigía al bus de vuelta para continuar, vimos cómo el guía, el chófer de nuestro bus y este señor de la moto se echaban unas risas, en evidente compadreo, dejando claro que Business is business. También nos reímos mucho cuando, ya para despedirse del motero moreno barrigón, le dijeron «aparta Kunta Kinte» y él se rió y se fue con su moto de vuelta al restaurante, a la espera de nuevos buses con turistas a los que vociferar, en su rutina diaria.
Añadir como dato que después pudimos leer que ambos restaurantes tenían paupérrimas reseñas de grupos de turistas que eran conducidos a uno u otro según la operadora turística, todos hablando de baja calidad, precios elevadísimos e incluso malestar estomacal tras comer allí. Era de esperar. Nosotros en la guía de viaje que solemos llevar habíamos leído que se alertaba sobre la higiene de la restauración en general de este lugar, ya que tienen muy difícil acceso al agua limpia y potable en la reserva. Es por esto que elegimos llevar nuestra comida y agua y recomiendo que hagáis lo mismo si os dejáis caer por aquí.
¿Qué esperar de la visita a la Reserva?
Esta excursión a la reserva nos gustó, pero esperábamos algo más sorprendente. Aún así, el desierto despertó en mí una especie de silencio, de calma interior.
Me gustó mucho ir por esos caminos de la reserva, viendo solo arena y terreno árido y seco durante mucho tiempo, para de repente sorprenderte con el inmenso mar, como un bálsamo.
En estos días llevabámos sólo una semana en nuestro largo viaje y aún me parecía increíble estar ahí, sin trabajo, sin casa, viajando solo con una motxila. Sentía que vivía las cosas en tercera persona, como si estuviera en una película. Era demasiado pronto para sentir la libertad del viaje, aún no había desconectado de mi realidad cotidiana, seguía muy pendiente de lo que pasaba en España.
Llevar un cuaderno de escritura e ir plasmando mis pensamientos en las páginas, me fue ayundando a conectarme con ese presente, con el viaje y con las sensaciones. Al escribir hay que guardar silencio, y es cuando comencé a escuchar al viaje.

Islas Ballestas (Isla Blanca)
Como ya sabéis, llegamos a Paracas con la reserva de este tour hecha. Se trata de un viaje en barca acompañado de un guía hasta las islas de este nombre, donde se pueden observar muchos animales marinos y aves como leones marinos, pingüinos de Humboldt, cormoranes peruanos y más aves. Lamentablemente, el día que teníamos la reserva del tour se cerró el tránsito marino hasta las islas por mal tiempo (algo que no es infrecuente, así que mejor ir preparados para esta posibilidad).

La compañía del tour nos ofreció la posibilidad de visitar otras islas ese día o posponerlo, así que como nos quedábamos un día más, decidimos retrasar la excursión al día siguiente.
Desgraciadamente el temporal no paró al día siguiente y ocurrió lo mismo, había mucha marea y no pudimos visitar Islas Ballestas, por lo que finalmente aceptamos la opción de ir a la Isla Blanca. No puedo hablaros de cómo serán las Ballestas, pero si os ocurre como a nosotros que os pilla mal tiempo, no dudéis y embarcaros sin miedo hacia esta otra isla, ya que es espectacular.
Esta otra isla es más pequeña que las Ballestas, hay menos animales, pero está más cerca y por lo tanto se puede visitar aún cuando hace mal tiempo o la mar está revuelta. Fue una excursión súper divertida, vimos muchos animales y el paseo en la barca nos gustó mucho. También vimos un geoglifo (el primero del viaje, pero luego fuimos a Nazca…).

La guía que nos tocó era una señora que hablaba la mitad de la frase en inglés y la acababa en español, o viceversa, a todo volumen para que los guiris blanquitos se enteren bien. Se esmeraba porque reconociéramos las distintas aves, y se emocionaba cuando veíamos pingüinos de Humboldt o leones marinos, llegando casi a gritarnos para que nadie se lo perdiera. Nos reímos muchísimo, era majísima. También se pasó media travesía repitiendo sin cesar «¡Peruvian booby! ¡Peruvian booby!«, que luego descubrimos en una búsqueda en internet movidos por la extrema curiosidad que en español es el piquero peruano, una de las aves que nos acompañaron gran parte del tiempo.

De todos los animalitos, y aunque los pingüinos son monísimos, los protagonistas absolutos fueron los leones marinos. Eran tan divertidos y coquetos, ¡parecía que posaban para nosotros!
Durante el paseo conocimos una pareja de españoles que estaban ya finiquitando vacaciones por Perú (ella por segunda vez en el país), por lo que nos dieron algunos consejos sobre lugares que ya habían visitado. Ella, además, nos contó que en su anterior viaje sí pudo ver Islas Ballestas y nos confirmó que Isla Blanca no tiene nada que envidiarle, solo que las Ballestas son algo más grandes.

Estuvimos en total tres días en Paracas, caminando por el pueblo y disfrutando del entorno tranquilo y apacible. Aunque parezca pronto, ya que casi recién empezaba nuestra ruta, aquí comencé con un malestar estomacal que me acompañó durante varios días y que no conseguí sacudirme del todo hasta Arequipa, más de una semana después…
¡Son cosas que pasan y aunque pocos blogs de viajes te hablen de esto, estar floja de la patilla y casi cagarse encima en ocasiones también forma parte de las experiencias del camino!
No hay viajero que se precie que no haya pasado por esta experiencia alguna vez. ¿A ti no te ha pasado?
Tras este tiempo en la Bahía de Paracas, tocaba el momento de coger un bus y seguir la ruta.
¡Huacachina y su desierto maravilloso nos esperaba!
¿Os venís?

Datos prácticos para motxileros:
Bus Lima – Paracas: S/120.
Menú en malecón: S/25.
Tour Isla Blanca: S/40+S/10 (entrada al puerto).
Tour R. N. Paracas: S/26.
Bus Paracas – Huacachina: S/51,5.

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